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jueves, 16 de febrero de 2012

URBANISMO RELATIVISTA


Hay refranes asombrosos que dan muestra del poder de la inercia. Nunca he encontrado lógica al «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer». Como lo malo es objetivamente peor que lo bueno, para que este ejemplo de sabiduría popular tenga algún sentido hay que centrarse en el segundo integrante de la frase: lo conocido frente a lo por conocer, el conocimiento (aunque sea de lo malo) frente a la ignorancia (aunque sea de lo bueno). Inevitablemente, a nuestro favor aunque parezca lo contrario, el flujo del tiempo hace que el conocimiento de una realidad se vuelva obsoleto al ritmo de los cambios que ésta experimenta, y obliga a seguir atentamente el curso de las cosas.

Al ser las ciudades el mayor experimento en marcha imaginable, personas incluidas, el conocimiento que se tiene de ellas, y la manera en que se resuelven y aprovechan los problemas-oportunidades urbanas, necesita de una actualización continua, o al menos de un cambio de modelo de gestión urbanística. Muchas herramientas de gestión urbanística empiezan a parecer trincheras intelectuales de las que no se desea salir. Algo así como la inmovilidad de la comunidad científica a comienzos de siglo XX en la defensa a ultranza de los modelos clásicos de la física Newtoniana, que veía en la teoría de la relatividad de Einstein, una puerta al caos. Parece práctica habitual en los distintos campos del saber, querer conservar cualquier victoria del conocimiento, incluso más allá de la vigencia de su utilidad.

En urbanismo, seguimos funcionando con PGOU, lo que por el hecho de seguir haciéndolo es de agradecer. No obstante, las interesantes jornadas de difusión del Plan General celebradas a comienzos de semana, traen ecos científicos familiares, con modelos urbanos clásicos poco convincentes, pero aceptados ante la carencia de modelos urbanísticos relativistas que no fuercen el encaje de una realidad urbana fluida y mutante en la estática concepción que tenemos de ella. Parece que una verdad momentánea cuesta mucho trabajo alcanzarla como para desprenderse de ella y construir otra nueva. No debería ser así, si con la conquista de nuevos conocimientos y sobre todo, modelos ágiles de gestión urbanística garantizamos un mejor desarrollo de nuestras ciudades.


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 28 de julio de 2011

MÁS CON MENOS

Una pequeña esfera de madera de ciprés de cuatro centímetros rueda por una pendiente de tablillas, siguiendo una línea perfecta, que como un hilo se enhebra entre los cedros del japonés bosque de Kyushu. La esfera cae sobre el primer listón que forma este esbeltísimo xilófono, y una nota musical inunda de sonido el silencio del bosque. A cada rebote le sigue una nueva nota; la suma de todas ellas compone la melodía de la cantata BWV 147 de Bach. Kenjiro Matsuo, autor del genial spot fue capaz de imaginar dicha partitura interpretada exquisitamente durante 123 segundos por un instrumento de percusión básico: una bolita de madera que cae.

El anuncio es una muestra de delicadeza y una lección sobre la moderación, la contención y el valor de una lentitud intensa, cargada de significado y arte. No sé si la lección es intencionada para un Occidente desorientado por un consumo acelerado en defensa del progreso-match3, o si sencillamente es un ejemplo más del refinamiento nipón, aquel que hizo sentir a Henri Michaux, un bárbaro en Asia. El modo en que el numeroso equipo de Matsuo invierte su tiempo fabricando y lijando tablillas para obtener la percusión exacta, y el frío montaje en mitad de la Naturaleza es otra muestra, en este caso del poder de las ideas, capaces de apasionar a personas, uniéndolas en empresas aparentemente surrealistas, guiados por la visión de algo cuya existencia, en la medida que sea, mejora la realidad. 

Málaga se mueve con cierto grado de convulsión, como un coche grande de combustión difícil, falto de continuidad en el suministro de carburante. Málaga necesita encontrar una idea capaz de aglutinar el ánimo de todos. Un proyecto común que se constituya en manifiesto y paradigma de cómo queremos que sea Málaga, de cómo queremos vivir los malagueños. La alegría de un pesado, lento y farragoso PGOU aprobado, heredero de una forma de funcionar cuyo resultado presente nos demuestra que fue insuficiente, no tiene la fuerza de liderar los cambios de dirección, las nuevas maneras de sentir y de vivir la ciudad. Muchos miramos el cauce seco del Guadalmedina. Tal vez todo fluya mejor gracias a él.


artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 14 de julio de 2011

LA COMPACIDAD SOSTENIBLE

La primera vez que vi a un hombre comer tierra estaba en sexto de carrera. No fue por hambruna extrema del popular «comerrocas», sino como método propio de un experto profesor para conocer, por pura degustación, la naturaleza resistente de los suelos que pisaba, y sobre los que habría que construir. El finísimo sentido del gusto de nuestro profesor de Mecánica del Suelo, le permitía detectar, sin margen de error para asombro de todos, si los terrenos eran margas azules, limos, arcillas expansivas, o firmes calizos. Junto a esta experiencia científica inolvidable, cuya exactitud fue siempre corroborada a posteriori por el costoso instrumental del laboratorio de la escuela, también nos enseñaron a superponer tamices que filtraban la tierra y a valorar la importancia del grano fino y el polvo, gracias a los cuales se obtenían firmes de mayor compacidad y resistencia. No sería ésta la última lección de compacidad recibida.

Las ciudades históricas nos muestran a través de modelos urbanos compactos, las ventajas de la densidad controlada. La histórica necesidad de refugio dentro de las poblaciones amuralladas obligó a optimizar el suelo consumido, con un reparto cada vez más denso entre la población creciente, de la prácticamente constante y siempre cercana superficie disponible intramuros. Hace un siglo, los adelantos tecnológicos de apoyo desencadenaron, en palabras de Rem Koolhas, «un big bang arquitectónico» al hacer aleatoria la circulación y «cortocircuitar» el espacio. Este dominio del territorio cuyas distancias empezaron a medirse en tiempos, propició un crecimiento disperso de la ciudad, hizo desear la propiedad y dependencia del automóvil, y provocó un consumo voraz y costoso de recursos no renovables y la consiguiente contaminación.

Estamos obligados a recuperar la lección de la compacidad. Los tradicionales Planes Generales cuya principal misión, aparte de suturar el desorden de crecimientos dispersos o localizar equipamientos generales, es generar más suelo edificable y mantener, al precio de una mayor dispersión, el modelo insostenible de progreso económico conocido, empiezan a entenderse por todos como herramientas deficientes del desarrollo urbano. Junto a este urbanismo totalitario aún vigente en España, empieza a emerger un «urbanismo reflexivo pormenorizado» que como dice Edgar Morin ya no piensa en la ciudad, sino en sus habitantes.


artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 6 de enero de 2011

EN UN LUGAR PROPICIO

Gonzalo Díaz Recasens, catedrático de proyectos de la Escuela de Arquitectura de Sevilla, insistía en que «la arquitectura transforma un lugar y lo convierte en sitio...» Sin duda, la capacidad que tiene la arquitectura de singularizar un lugar, de humanizarlo y volverlo propicio a las actividades del hombre, es la principal cualidad que se espera de ella; más aún en la vorágine de intereses encontrados que son las grandes ciudades.

Hay necesidades individuales y necesidades sociales y toda ciudad deber de ser capaz de encontrar el tiempo para satisfacer ambas. Una ciudad que solo se ocupa de las necesidades individuales evidencia su incipiente grado de desarrollo y la carencia de una estructura social que convierta a una suma de individuos cohabitando una porción de tierra, en una comunidad solidaria capaz de moverse en sintonía a la búsqueda de bienes comunes.

Por otro lado, una ciudad que solo desarrolle proyectos generales, descuida las necesidades primarias que tiene el ciudadano para vivir: la vivienda. Un olvido que aleja la ciudad de su cometido y le hace perder su sentido. A pesar de los inmuebles vacíos, sin vender o sin alquilar, Málaga sigue con necesidad de vivienda insatisfecha. Y así seguirá hasta que oferta y demanda se encuentren, por la aceptación de beneficios menores por parte de la oferta o por el muy improbable incremento del poder adquisitivo de los demandantes. Entre medio, la aprobación del PGOU 2011, pone nuevo suelo en circulación para la construcción de más viviendas. Lo cual también parece improbable hasta que tengan salida las existentes en el mercado. 

Este desequilibrio de necesidades individuales debe mitigarse de forma conjunta y sin olvidar el desarrollo de iniciativas que muestran el grado de cohesión y organización de nuestra sociedad civil y clase dirigente. Así, proyectos como, el Museo de la Aduana, el Auditorio de la Música de Málaga o el inabordable Plan del Guadalmedina son trascendentes porque mostrarán tanto la capacidad de Málaga para ilusionarse como la de la clase gobernante para trabajar unida. Tenemos nueva libreta en blanco. Toca escribir despacio y con buena letra, dando más por menos, si queremos que el 2011 sea el año de inflexión que todos deseamos.


Publicado en la Opinión de Málaga.

jueves, 23 de diciembre de 2010

EUREKA

IÑAKI PÉREZ DE LA FUENTE Llueve. Llueve mucho mientras me entretengo en la arquitectura siempre actual de Mies van der Rohe, en su ya histórico Pabellón de Barcelona de hace 81 años, en los Apartamentos LSD en Chicago. Me acuerdo entonces del grupo malagueño Lake Shore Drive y escucho su música. La pista 3 lleva por título «es una buena noticia» con lo que, por una de esas concatenaciones de ideas que tiene el pensamiento azaroso, me acuerdo de la aprobación del Plan General de Ordenación Urbana de Málaga. 

Oigo en el interior de mi cabeza el eco de un por fin enorme. Entre medio, años de gestación y tramitación; de visiones, supervisiones y revisiones; de informes desfavorables, casi favorables y aprobaciones provisionales, para finalmente, ocho años después y veinte mil malagueños más, obtener la aprobación de la Junta de Andalucía, la buena, la definitiva. Nos llega por Navidad, con la alegría de que la ciudad actualiza su marco urbanístico, del que esperamos cierta reactivación del panorama urbanístico y económico. 

El urbanismo experimenta con la ciudad como laboratorio, aunque en esta ocasión el PGOU 2011 no ha tenido gran posibilidad de variar el modelo urbanístico de la ciudad, tras algún tímido intento por despeinar la monotonía de una ciudad plana que carece de acentos o de algún coprotagonismo contemporáneo con el casi omnímodo Centro Histórico. Los informes de la Junta y el Gobierno central no vieron con ojos cariñosos algunos de los planteamientos iniciales y se comprimió las torres de Repsol, apretó la ciudad al interior de la Ronda, y dejó en el rebalaje las viviendas de Pedregalejo. Arraijanal se queda como está y el Guadalmedina sigue en el purgatorio. Me viene a la cabeza la conferencia de Francisco Jarauta en el II Seminario que organizó el Colegio de Arquitectos sobre los cambios en el habitar y la velocidad a la que se producían en la sociedad contemporánea. Al final resulta que «solucionamos los problemas del pasado», mientras la vida ya avanzó hacia nuevas situaciones. Así estamos. En algún momento el progreso llegará también a los modos en que construimos las ciudades y las herramientas que empleamos para hacerlo legalmente. Y entonces no harán falta PGOU. Por fin


Publicado en la opinión de Málaga