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jueves, 13 de diciembre de 2012

DIAGRAMAS DE CONJUNTOS



Bertrand Russell llegó a la filosofía a través de las matemáticas, donde se refugió huyendo de la entropía de la vida, mientras buscaba realidades absolutas que poder emplear como certezas-guía. La arquitectura tiene algunas verdades disciplinares: la gravedad, la luz, el cobijo... y una gran verdad incuestionable: su utilidad social. La arquitectura que se concibe o se construye por preferencias exclusivas a las verdades disciplinares nace limitada por un afán menor. La pérdida de perspectiva puede distorsionar el diagrama de conjuntos que estructuran nuestras comunidades. Por ello, conviene comprender qué conjunto está incluido en cuál, y no querer explicar la realidad en la clave del subconjunto que cada quien habite.

«Dios está en los detalles», decía el arquitecto Mies Van der Rohe cuando afinaba las soluciones constructivas de sus proyectos. Con el tiempo se comprende que Mies podía decir lo anterior, porque no perdía nunca de vista el fin general, siempre atento al Todo al que supeditaba las Partes que definía con sus detalles. Conseguir que todas las partes de un organismo superior, no destaquen por encima del Todo al que pertenecen, es dificilísimo. Las ciudades son un ejemplo de lo anterior con su continua tendencia al desequilibrio. La sola concepción y construcción de un edificio, es ya en sí una complejísima actividad compartida en la que un flujo de decisiones, que van del papel en blanco hasta la elección del picaporte, acercan o alejan la realidad en curso, del objetivo que la anima.

Los diagramas de conjuntos de Euler-Venn con los que nuestros maestros nos adentraron en las matemáticas vuelven a escena, explicando con sus relaciones de pertenencia, de inclusión, de intersección o igualdad, no sólo matemáticas, sino lecciones de equilibrios y desequilibrios. Cuanto más pequeño era el subconjunto menos trascendencia tenía en el lógico escenario matemático. Una sinfonía que atienda prioritariamente a las necesidades expresivas del gong es cuanto menos una excentricidad. Del mismo modo, la arquitectura y el desarrollo urbano de las ciudades deben atender a planteamientos basados en el conjunto universal: el bien individual compartido. Lo demás son lecturas erróneas de los diagramas de conjuntos, donde las partes predominan sobre el Todo. Y eso ya vemos que no funciona.

viernes, 17 de agosto de 2012

SE EXPORTA ARQUITECTURA


Las ciudades no son el invento de un día. Su devenir ha estado siempre vinculado a una evolución azarosa en una suma y resta continua de logros y deméritos sociales, frutos de las tensiones demográficas y económicas, que tienen en la Cultura, en el Arte, uno de los principales indicativos de su salud. Una ciudad que fabrica Cultura es una ciudad que es capaz, superadas las necesidades básicas del habitar, de trascender su mero crecimiento físico. Sin duda alguna la diferencia entre una gran ciudad y una ciudad grande radica en la cantidad y calidad de su producción cultural.

El legado arquitectónico que la Málaga actual recibió del siglo XIX gracias a una arquitectura doméstica y proyectos urbanos de indudable calidad, mejoraron la vida de sus habitantes y convirtieron la ciudad en un referente urbanístico internacional. La buena arquitectura es una de las mayores producciones de cultura deseables porque muestra tanto la presencia de un tejido profesional formado y capaz, como la solvente organización socioeconómica que les permite el natural desarrollo de unos oficios aprendidos en una sutil urdimbre de capacidades.

En recientes artículos tanto la arquitecto Cristina García Baeza como la Historiadora de Arte Anatxu Zabalbescoa muestran cual es la actual realidad profesional de titulaciones superiores como la Arquitectura y diferentes Ingenierías, y evidencian no ya una fuga, sino una estampida de cerebros. Por encima del dinero, esta pérdida de talento es la principal descapitalización que una sociedad puede sufrir porque la aleja de sus mejores logros.

Si sumamos el hecho de que las escuelas de Arquitectura reducen cada año el número de nuevos titulados -el caso de Málaga es preocupante- evidencia que la calle, aun bajo apariencia festiva, es un territorio entre hostil y estéril al que se evita o postpone al máximo salir para no derrochar esfuerzos, braceando en cauce seco. Los nuevos destinos fuera del primer círculo europeo vuelven más improbable la recuperación de una generación que no puede desarrollarse en su país de origen. Hay en esta circunstancia una doble noticia: una que muestra carencias evidentes de un país que pierde ciudadanos natales y otra que enseña la preparación y el éxito internacional de estos jóvenes profesionales.


jueves, 21 de junio de 2012

DE PIEDRAS Y FRIGORÍAS


Cuentan que con motivo de la construcción del Ministerio del Aire en los 50, el joven arquitecto Sáenz de Oiza, recién regresado de los Estados Unidos, dijo a su veterano colega Gutiérrez Soto: «D. Luis, menos piedras y más frigorías». Este alegato a favor de la incorporación de adelantos tecnológicos en la arquitectura española de entonces, para incrementar el confort térmico, fue durante mucho tiempo un ejemplo de modernidad y vanguardia.

La beneficiosa incorporación de nuevas tecnologías de las instalaciones a la arquitectura es un hecho indiscutible. A finales del siglo XIX por ejemplo, la llegada del agua corriente y el alcantarillado a las ciudades, hizo surgir el cuarto de baño como hoy lo conocemos, con una evidente mejora de la calidad de vida y aseo. Las continuas aportaciones de la tecnología en muchos campos, culminados por dos espectaculares hechos en el siglo XX: la llegada del hombre a la luna y la incorporación de las nuevas tecnologías digitales en la vida cotidiana, han mitificado el empleo de la tecnología como algo siempre indicativo de progreso.

Esta circunstancia, unida a la confluencia de estándares constructivos en países de la Comunidad Europea, ha determinado que en los últimos diez años, climas con distintas características y necesidades incorporen en las construcciones la misma tecnología de las instalaciones como sinónimo de calidad arquitectónica. En demasiadas ocasiones, dicha tecnología enmascara y cubre carencias de proyecto cuya insuficiente arquitectura necesita el apoyo externo de maquinaria, olvidando cuestiones de soleamiento, ventilación y refrigeración naturales, que aportan un confort más económico.

Igual que el ornamento en arquitectura se convirtió a principios de siglo pasado en algo superfluo, es decir en algo que rebosaba lo necesario de la construcción y el habitar, la idolatría a ciertas tecnologías como sinónimo de progreso está cargando de ornato tecnológico la vivienda del siglo XXI. Un adorno muchas veces mantenido por la ficción de un poder económico inexistente que obligará a recuperar en el arte de proyectar los criterios de la mal llamada «arquitectura pasiva». Nunca la arquitectura será más activa que en los casos que logra reducir sus exigencias tecnológicas y la inversión necesaria en su construcción. Y nuestro clima, afortunadamente, lo permite.



Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 14 de junio de 2012

VÉRTIGO




El anuncio de la Unesco de retirar el título de Patrimonio de la Humanidad a la ciudad de Sevilla alertando del peligro monumental que supone la construcción de una torre de cuarenta plantas me parece una manifestación extrema de poder e influencia sobre el devenir arquitectónico y urbano de una ciudad, y una de las reacciones institucionales más desmedidas imaginables ante la construcción de un edificio cuyo pecado consiste en superar la altura de la Giralda, que hace ocho siglos era el edificio más alto de Europa y que aún hoy sigue siéndolo de Sevilla.

Resulta sorprendente la autoimposición de un techo en la construcción de las ciudades, y el miedo a unas alturas que podrían reducir la huella ecológica ocasionada por la ocupación extensiva del territorio. Pasó en Córdoba con una torre fallida cuya altura se quiso superior a la Mezquita, también en Málaga con las torres de Repsol, que los prejuicios a la construcción en altura, han reducido a bloques altos. Y ahora pasa en Sevilla, donde se vive con alarma la construcción de la Torre Cajasol, proyecto de Cesar Pelli, junto a la Cartuja, a dos kilómetros de la Giralda. Este desasosiego también se vivió en París, donde el nuevo rascacielos de la Défense, realizado por el Pritzker Tom Mayne, tuvo que reducir su altura para no superar la Torre Eiffel.

Una ciudad no se daña por un edificio emblemático o una torre, sino por el insignificante pero acumulativo efecto que malas prácticas de la construcción pueden tener sobre ella. La ciudad son sus viviendas. El empleo de malos materiales en ellas, ya sean ladrillos, ventanas, puertas, o bisagras, el uso de soluciones constructivas defectuosas, o la realización de proyectos deficientes desviados de su fundamental propósito social, son la verdadera amenaza de las ciudades al reducir la calidad arquitectónica media del patrimonio heredado. Y esto es así porque la lentitud de su propagación camufla su carácter invasivo y facilita una aceptación silenciosa. Es un error fijar el techo de nuestras ciudades según la altura de los logros arquitectónicos de nuestros antepasados. Basta pensar que la arquitectura que hemos heredado y de la que nos sentimos orgullosos existe gracias a que ellos no cayeron en este incomprensible vértigo arquitectónico.



jueves, 24 de mayo de 2012

LA INVENCIÓN DE LA NECESIDAD


La capacidad para realizar herramientas fue determinante para el progreso de nuestra especie. Esta habilidad se desarrolló gracias a la evolución de nuestros pulgares que emigraron del grupo de dedos del que formaban parte, para diferenciarse del grupo de cuatro restante. Este rasgo distintivo unido a las ventajas de una gastronomía ya más elaborada y amable, reduciría nuestras primitivas mandíbulas, liberando espacio craneal para pensar algo mejor. Y con el pensamiento, vinieron las soluciones, y antes de ellas, las capacidades para detectar las necesidades, cuando todas eran reales.

Los edificios son en sí complejísimas herramientas, algo así como una gigantesca navaja suiza que sirve para todo, hasta para vivir en su interior. Los complejos procesos de crecimiento de los metaorganismos que son las ciudades, han inventado nuevas necesidades, no solo individuales o sociales, sino incluso urbanas: necesidades abstractas de la propia ciudad, muchas veces de difícil comprensión para ciudadanos con necesidades individuales insatisfechas que habitan y alimentan la misma ciudad. Un edificio sin uso es algo muy extraño, como una cuchara hueca, sólo aparentemente útil.

En el Darwing College de Cambridge, Richard Rogers insistiría en que la arquitectura debe cubrir las necesidades del ciudadano, ampliar su conocimiento, desarrollar su creatividad y favorecer su iniciativa. Sorprende que junto a solares permanentes surjan nuevas situaciones urbanas inéditas, como son los equipamientos vacíos, edificios con usos que no prosperan, con usos sin una necesidad real que los valide, con usos dirigidos a una demanda saturada. Málaga excedió su cupo museístico útil, mientras la creatividad de sus ciudadanos, «materia prima de la nueva economía», continúa necesitada de espacios para desarrollarse. La disolución reciente de usos muy tangentes a las necesidades reales del ciudadano, como el museo de las gemas en el edificio de la Tabacalera, o el abstracto uso cultural, tan incomprensible como el cubo de cristal que lo anuncia, sobre la bolsa de metros cuadrados construidos en la esquina del Muelle Uno, convierten su futuro en un acertijo. Estoy convencido que detrás de esta decepción, existe la extraordinaria oportunidad de convertir estos espacios en fábricas de arte y cultura propia. Lugares para producir crecimiento social, con el que recuperar nuevamente el sentido de necesidad satisfecha.

miércoles, 25 de abril de 2012

LA VOLUNTAD NARRATIVA


La misma voluntad que anima el cine estaba presente en las pinturas rupestres con las que nuestros antecesores contaban historias de caza, y se transmitían vivencias. Con ellas, sus protagonistas se representaban a sí mismos ante los demás, mostrando formas particulares de comprender y vivir la realidad. El camino recorrido por la innata voluntad narrativa del hombre ha evolucionado en el tiempo, multiplicando sus vías de expresión: los gestos y la palabra se ayudaron y simultanearon con la pintura. Más tarde la narración se fijaría en la escritura y más aún se representaría en el teatro. El Teatro es la nueva presentación de un acontecimiento valioso que ya sucedió, pero que merece su recuerdo. Del teatro surgiría el cine como una nueva vía, no solo de narración, sino de creación de realidades.

La necesidad de representación ante los demás, de expresión de una identidad propia, trasciende al individuo para alcanzar a los colectivos que suponen las ciudades. El sociólogo Erving Goffman reflexionaba sobre las interpretaciones del individuo para situarse en el nivel de representación que se tiene o se pretende para sí mismo dentro del grupo al que pertenece; concluyendo que todos somos actores. En el caso de las ciudades, el talento interpretativo y la misión de mostrar el mejor perfil de una comunidad, recayó históricamente en la arquitectura que mostraba a otros sus logros, y actualmente en su capacidad de generar actividades de interés, cuanto mayor mejor.

Un año más, el Festival del Cine de Málaga representa a la ciudad con narraciones de sí misma; llenando sus espacios de actividades y arquitecturas efímeras. El director cinematográfico Carl T. Dreyer cuidaba mucho sus escenarios de rodaje, invirtiendo más de la mitad del tiempo que empleaba en sus películas. No obstante, a diferencia del Teatro, defendía que en el cine la realidad era preferible a los decorados. En Málaga sin duda es así; por eso cuesta comprender como a su paso por calle Alcazabilla los escenarios ocasionales ocultan el Palacio de la Aduana o el Teatro Romano, capaz por sí solo de enraizar el Festival de Cine en una voluntad narrativa milenaria y de representar mejor a Málaga como heredera de esa vocación.


jueves, 15 de marzo de 2012

ELOGIO DE LO POSIBLE

Tiene la Arquitectura una doble condición humanista y técnica que la convierte en puente entre las artes y la ciencia, y como afirma Deyan Sudjik en sus escritos sobre Arquitectura y Poder, es una poderosa herramienta que determina el mundo en el que vivimos con una contundencia visual y vivencial de la que carecen otras disciplinas u otras artes. Los hitos arquitectónicos o las operaciones promotoras de gran superficie siempre han estado vinculadas al poder económico, en manos públicas y privadas. Lo que significa que cuando este poder económico languidece su efecto sobre la profesión es inmediato, y cuando casi desaparece obliga a un optimismo de equilibrista. Con todo, la evidente reducción de la actividad está aunando cuidados y esfuerzos de promotores, constructores y profesionales del gremio a la búsqueda de lo posible.
Frank Gehry, arquitecto del archiconocido Museo Gugenheim de Bilbao, criticó once upon a time (antes del impacto de su inauguración), que los arquitectos participantes en un curso de Proyectos en Harvard imitasen su arquitectura y la singularidad de sus formas. De hecho, sorprendió a todos aleccionando sobre la disciplina y las reglas arquitectónicas, describiendo su trabajo como una personalísima y sopesada expedición al mundo del Arte, que consideraba más valorado social y políticamente que el mundo de la Arquitectura, y entonces hablaba de Picasso. Siempre interpreté su discurso como un elogio de lo posible, como una defensa de la calidad arquitectónica de fondo de las ciudades frente al destello singular de los edificios-figura. 
La democracia unida a la globalización ha traído consigo un aire competitivo entre ciudades, comunidades y países en ocasiones algo tóxico, en donde el afán por destacar sobre los vecinos forzaba un desarrollo o la urgencia de una lista de méritos, que olvidaba la mejora sosegada y bien asentada sobre lo propio, buscando la distinción de forma fulgurante ya fuese de una ciudad o de un gobierno para mantenimiento de la ola que poder seguir surfeando. Toca encontrar tras la explosión de la inflación urbanística, la multiplicidad de pequeños proyectos que sostengan la mesa con mil alfileres, y traigan de vuelta la diáspora de jóvenes arquitectos de nuestra ciudad. Proyectos xs, frente a las operaciones XL. 


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 2 de febrero de 2012

ALQUIMIA URBANA



Antes de 1953 los científicos conocían bien los componentes qué formaban la atmósfera primitiva de la Tierra: agua, metáno, amoníaco e hidrógeno; pero no conseguían desvelar cómo la materia inanimada dio origen a las primeras moléculas precursoras de la vida. Ese año, el químico Stanley Miller cumplía veintitrés años y tuvo la idea de exponer a descargas eléctricas una «sopa primigenia» que simulaba las condiciones primitivas. A la semana comprobó que se habían formado en ella aminoácidos y moléculas orgánicas fundamentales para la vida.

Edward Glaeser se pregunta en El Triunfo de las Ciudades cómo prosperan las ciudades, cómo se administran, en qué momento se vuelven inteligentes y cultas...y por qué ciudades que cuentan con la misma «sopa primigenia» tienen destinos divergentes. En esta misteriosa alquimia urbana, los resultados e indicadores más claros del progreso de una ciudad, al margen de la mesurable renta per cápita, son sus expresiones de cultura y arte. La producción en una ciudad de buena arquitectura, pintura, literatura, arte y cultura en general, marca la talla de sí misma, evidenciando que la producción es preferible a la sola administración de lo heredado. Ciudades que impulsan su herencia urbana y arquitectónica crecen, mientras que las que eligen administrar lo existente languidecen en una suerte de momificación.

Nadie tiene la fórmula secreta capaz de animar los materiales que conforman un edificio para convertirlo en una obra de arquitectura, y enriquecer el patrimonio de una ciudad. Es un error compartido, también por arquitectos, vincular calidad de la arquitectura a inversión económica disponible, cuando son las ideas las que provocan el progreso, propiciando inversiones acertadas. En la pequeña ciudad de Weil am Rhein, una compañía manufacturera de mobiliario resurgió de un devastador incendio, ayudada por la idea de vincular el diseño y la arquitectura al mobiliario, o como dice Isamo Noguchi de entender la cultura como la integración del arte en la vida cotidiana. Las muestras de arquitectura que se dan en el Vitra Campus son una extraordinaria manifestación de cultura propiciada por un empresario industrial local. Málaga necesita, como el alquimista en su laboratorio, nuevas ideas capaces de transmutar la construcción en Arquitectura y Cultura, y por tanto en Progreso.


artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 26 de enero de 2012

ARQUITECTURA NO TÓXICA

Cualquier progreso arquitectónico necesita a la vez del avance tecnológico, y de la destreza social capaz de mejorar con dicho progreso el habitar humano. El comienzo de la arquitectura arranca con la ambición y la convicción de que se puede vivir mejor en la tierra; no con el monumento, sino con el cobijo. En algún momento el hombre no necesitó más de cuevas naturales, y fue capaz de construirlas en cualquier lugar, extendiendo su habitat a la totalidad del planeta. Me gusta imaginar el optimismo de algunos de nuestros antepasados capaces de cambiar para todos la inercia de la cueva, y convertir la construcción de la vivienda en una acción revolucionaria.

En La Senda de la Imaginación, Richard Kearny identifica el postmodernismo de los ochenta con la glorificación de la imagen arquitectónica, de la que somos herederos. Desde esa seducción por la imagen –propiciada por su fácil difusión televisiva y el protagonismo añadido– se llevó al paroxismo la valoración de los proyectos-totem, en una ilusoria identificación de la personalidad de una ciudad con la distintiva forma de una arquitectura, en ocasiones sin contenido sustancial. Hay abundantes ciudades con costosísimos contenedores sin contenido: aeropuertos como el de Lleida, museos o toda una Ciudad de la Cultura en Santiago de Compostela o el incomprensible Metropol Parasol de Sevilla con cuyo coste, estimado en 85 millones de euros, se podrían haber realizado 2.000 viviendas y cobijado a 8.000 personas.

Con el ruido de lo andado parece olvidarse que el proyecto prioritario de una ciudad es la vivienda y que los necesarios esfuerzos por dotar de nuevas centralidades a muchas ciudades europeas, Málaga entre ellas, pasa por enriquecer e idear nuevas formas de habitar los distintos barrios, creando y cuidando comunidades que consoliden el tejido urbano con la vida que sólo el residente aporta.

El crítico de arquitectura William J.R.Curtis lleva años insistiendo en la toxicidad social de arquitecturas que intentan «ligar sus ciudades de provincias a la ilusoria economía global» y anteponen un incierto e intangible bien general a la suma de beneficios individuales que genera la residencia. Así lo creo, si somos capaces de recuperar en la vivienda su originaria condición de proyecto estratégico.


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 6 de octubre de 2011

LA SEMANA DE LA ARQUITECTURA



Lewis Carroll era un gran matemático que trasladaba continuamente conceptos numéricos a su mundo narrativo, juegos de la medida o el tiempo, como ir más rápido cuanto más lento se avanza, caer despacio, experimentar el tamaño de una mesa como si de una monumental catedral se tratase, convertir una casa en un vestido, celebrar el no cumpleaños…De todas las transgresiones espacio-temporales que se encuentran en su obra, simpatizo especialmente con el histriónico grupo que celebra felices no cumpleaños. 364 felices no cumpleaños son mejores que un feliz cumpleaños. Nunca me parecieron tan locos…

Estamos en la Semana de la Arquitectura, una semana en la que los distintos Colegios de Arquitectos, el de Málaga entre ellos, organizan actividades en un acercamiento necesario de la Arquitectura y los arquitectos a las ciudades para las que trabajan y a las que sirven. Como decía Ludovico Quaroni (cuyo libro «Ocho Lecciones de Arquitectura» me entusiasmó de estudiante), para que la arquitectura sea Arquitectura ha de ser capaz de despertar las emociones en sus habitantes. Y no es otra cosa lo que se pretende cuando, envuelta la profesión en circunstancias tan adversas, siguen, seguimos los arquitectos queriendo dar una muestra de la belleza de este oficio y trasladar a todos las infinitas posibilidades del espacio, en cuya transformación trabajamos. Conferencias, visitas guiadas a edificios, estudios de arquitecturas de puertas abiertas, exposiciones de arquitecturas, son algunas de las actividades que acompañan estos días.

A pesar de la trascendencia de la Arquitectura en nuestras vidas y ciudades, es una disciplina cuya complejidad no siempre se sabe trasladar bien a la sociedad a la que va dirigida, que en ocasiones mira con cierto recelo sus manifestaciones. Igual que la buena educación, cultura, o alimentación nos hacen mejores; la arquitectura tiene, como las buenas o malas compañías, la capacidad de enriquecernos, desarrollando mejores versiones de nosotros mismos, o amortiguarnos, reduciendo el despliegue de nuestras cualidades. Construir una ciudad mejor no consiste solo en hacer mejores o más bellos edificios, sino que supone crear entre todos el mejor marco vital posible. Porque a fin de cuentas, si vivimos juntos las ciudades es para vivir mejor. Y para ello, la Arquitectura es fundamental.