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miércoles, 25 de abril de 2012

LA VOLUNTAD NARRATIVA


La misma voluntad que anima el cine estaba presente en las pinturas rupestres con las que nuestros antecesores contaban historias de caza, y se transmitían vivencias. Con ellas, sus protagonistas se representaban a sí mismos ante los demás, mostrando formas particulares de comprender y vivir la realidad. El camino recorrido por la innata voluntad narrativa del hombre ha evolucionado en el tiempo, multiplicando sus vías de expresión: los gestos y la palabra se ayudaron y simultanearon con la pintura. Más tarde la narración se fijaría en la escritura y más aún se representaría en el teatro. El Teatro es la nueva presentación de un acontecimiento valioso que ya sucedió, pero que merece su recuerdo. Del teatro surgiría el cine como una nueva vía, no solo de narración, sino de creación de realidades.

La necesidad de representación ante los demás, de expresión de una identidad propia, trasciende al individuo para alcanzar a los colectivos que suponen las ciudades. El sociólogo Erving Goffman reflexionaba sobre las interpretaciones del individuo para situarse en el nivel de representación que se tiene o se pretende para sí mismo dentro del grupo al que pertenece; concluyendo que todos somos actores. En el caso de las ciudades, el talento interpretativo y la misión de mostrar el mejor perfil de una comunidad, recayó históricamente en la arquitectura que mostraba a otros sus logros, y actualmente en su capacidad de generar actividades de interés, cuanto mayor mejor.

Un año más, el Festival del Cine de Málaga representa a la ciudad con narraciones de sí misma; llenando sus espacios de actividades y arquitecturas efímeras. El director cinematográfico Carl T. Dreyer cuidaba mucho sus escenarios de rodaje, invirtiendo más de la mitad del tiempo que empleaba en sus películas. No obstante, a diferencia del Teatro, defendía que en el cine la realidad era preferible a los decorados. En Málaga sin duda es así; por eso cuesta comprender como a su paso por calle Alcazabilla los escenarios ocasionales ocultan el Palacio de la Aduana o el Teatro Romano, capaz por sí solo de enraizar el Festival de Cine en una voluntad narrativa milenaria y de representar mejor a Málaga como heredera de esa vocación.


jueves, 19 de abril de 2012

VERDE QUE TE QUIERO


Las culturas primitivas muestran un respeto innato por la Naturaleza, que manifiesta el sentimiento de hogar que tienen hacia ella. Los ritos geománticos con los que aun hoy se inician en Oriente las obras de los edificios, tienen por misión apaciguar las fuerzas telúricas y atraer la buena fortuna, y demuestran hasta que punto perviven en algunas culturas los restos de un respeto reverencial, casi religioso, por la madre Naturaleza que se sabe perturbada y cambiada con cada obra que hace el hombre. 

El cambio deliberado de una realidad presupone la certeza de que la realidad por venir mejorará la existente. Los cuidados en la construcción de la Casa del Hombre por que esto fuera así, han ido aflojándose a medida que la Naturaleza original se alejaba, separada por la dimensión y el ambiente de las ciudades que hemos sido capaces de construir. La reducción de signos de la naturaleza en convivencia con el medio ambiente urbano es dramática. 

El proyecto CATMED agrupa junto a Málaga, diez metrópolis mediterráneas, que buscan promocionar un modelo urbano sostenible basado en la compacidad de la ciudad clásica mediterránea. Las investigaciones del OMAU, concentradas en su proyecto «Manzana Verde» permiten visualizar una forma de crecimiento, que repara los efectos del consumo ininterrumpido de suelo y recursos característico de la industria inmobiliaria, extendiendo la ciudad y aumentando la dependencia del uso del automóvil. Por encima del diseño arquitectónico, o el consumo de tecnologías cuya incorporación a los proyectos solo consigue darles un barniz ecológico, los planteamientos de la Manzana Verde, proponen la rehabilitación de un tejido urbano mediante cuidadas volumetrías edificatorias de óptimo soleamiento y una complejidad urbana basada en la simultaneidad de usos que favorece una movilidad autónoma, de recorridos cortos, reduciendo las emisiones de CO2. 

El filósofo alemán Wilhelm Schmid en "El Arte de Vivir Ecológico", insiste en que anteponer un proyecto de vida ciudadana a la expansión inercial de sus ciudades reconduciría el desvío que han sufrido en un desarrollo con calidad de vida decreciente. La Manzana Verde propone un nuevo modelo de crecimiento urbano que puede convertirse en experiencia piloto para enderezar el rumbo, y poder con menos dinero comprar una vida mejor.


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 12 de abril de 2012

HECHO COMO NUNCA

Teotihuacan fue una de las principales ciudades de Mesoamérica cuya decadencia a partir del siglo VII daría lugar al florecimiento de la civilización Maya. Sus restos se encuentran al norte de la ciudad de México. De ella desapareció hasta su nombre original, aunque tal vez el nombre que le dieron los mexicas, cuyo significado en náuhatl es «la Ciudad de los Dioses» refleje mejor la grandeza de su arquitectura y el asombro de las generaciones posteriores. Les bastaron sus ruinas para convencerse que los restos de la ciudad que contemplaban solo podía haber estado habitada por dioses que la abandonaron.

La valoración que hacemos de los tiempos suele llenar de fuerza el apego a las tradiciones, y los modos de funcionar aprendidos, que finalmente se vuelven incuestionables, y ante cuyas puertas, un «esto siempre se ha hecho así» responde a la llamada de nuevas ideas. Los teotihuacanos tenían entre sus tradiciones la de quemar todas las posesiones que habían acumulado en varias generaciones, ropajes, vajillas, enseres domésticos… con el fin de comenzar un tiempo en blanco. 

Jorge Wagensber habla en su reciente libro, "Más árboles que ramas", del carácter positivo que puede tener una crisis, al ser la manera que tiene la incertidumbre de «señalar errores». Saber detectarlos es clave en nuestro deseo individual y colectivo de perseverar; modificar nuestra forma adquirida de funcionar lo es aún más. Después de cinco años de dura travesía para el sector de la construcción y la arquitectura, se necesitan urgentemente nuevas medidas que descarguen del peso creciente de gestión, supervisiones cruzadas y tasas económicas que inmovilizan a un colectivo exánime. 

Acostumbrados a un paisaje de grúas cuyo perfil indicaba la pujanza económica de nuestra ciudad; su casi desaparición junto con los trabajos asociados a ellas, obliga a una reconsideración severa del formato administrativo, profesional y colegial que en tiempos de bonanza se vinculaba a la arquitectura. A falta de recursos económicos, sólo lo que depende exclusivamente de las relaciones interpersonales y administrativas es mejorable. La solución no va a llegar a lo grande desde arriba, sino desde abajo, fruto del acuerdo creativo y generoso entre particulares capaces de hacer posible lo que nunca se hizo así.


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 5 de abril de 2012

EL VAIVÉN DE UN TRONO

El tamaño de un ladrillo es el resultado de un proceso histórico que responde a la envergadura de la palma de la mano y a la densidad del barro que lo compone, fundamental en el peso y en su manejabilidad. Un ladrillo demasiado grande no se puede manejar con una sola mano, uno demasiado pesado, tampoco. Estas dos variables entrelazadas han determinado un margen dimensional muy reducido para el material de construcción por antonomasia, cuyo desarrollo resultó espontáneo en culturas inconexas y cuya evolución afiló la solución final.

Para que una solución heredada, se pueda afilar, alcanzando su optimización, es necesario que la costumbre y la tradición que la emplea, no inmovilice el proceso de perfeccionamiento, blindando soluciones que pueden mostrarse deficientes desde su origen o desde la obsolescencia que otorga el devenir del tiempo. Las actividades multitudinarias de la ciudad vienen mostrando, cuando se concentran en el reducido espacio de sus centros históricos, un mal funcionamiento cuya evidencia crece año tras año, como algunas instalaciones que la acompañan. Feria y Semana Santa necesitan evolucionar y extender su influjo a toda la ciudad, para evitar los colapsos funcionales que ocasionan en el tejido histórico. Dos tradiciones de enorme valor cultural, religioso y turístico-económico pueden y deben extender su repercusión positiva en la ciudad. Se necesita de ambas que sepan evolucionar, enfrentándose a los problemas que generan con la incorporación de nuevas e imaginativas soluciones: multiplicación de itinerarios o repetición de procesiones, atomización de las tribunas principales y reparto disperso de nuevas tribunas menores, para evitar que año tras año, desaparezca la Plaza Mayor de Málaga aplastada por una tribuna excesiva que recuerda, en su factura y en su uso, tiempos del pasado…

Dom Van der Laan, arquitecto dominico de mediados y finales de siglo XX, hablaba de las transiciones en las texturas, los tamaños, o las formas de las ropas, los objetos y arquitecturas que nos rodean y acompañan nuestro vivir, y en la importancia de que el mundo material mostrase transiciones continuas, sin saltos, sin desequilibrios, ni ruidos…tal vez si hubiese conocido Málaga habría dicho que como un trono bien llevado, como su silencioso vaivén. Que el marco no estropee el cuadro.


jueves, 1 de marzo de 2012

TANATOCRESIS URBANA


Una de las manifestaciones más evidentes del frenazo experimentado por la actividad constructiva es el conjunto de solares y fachadas sin edificios que se han incorporado al paisaje urbano de los centros históricos españoles. En Málaga, zonas interiores a la originaria y compacta ciudad medieval, como calle Granada o Beatas, mantienen, como decorados congelados por una súbita glaciación económica, la actividad promotora en el momento en que se quedó. Tal cual. Uno se imagina hasta los operarios sosteniendo sus herramientas inmóviles, cogidos por sorpresa, a la espera de que vuelva el calor.

La permanencia de realidades urbanas, habitualmente pasajeras en los procesos de cambio de una ciudad, nos obliga a repensar su nueva naturaleza para intentar encontrarle el sentido o posibles soluciones a situaciones estancadas, que parecen esperar a que todo vuelva a ser como era para poder repetir los mecanismos que aplicados con destreza parcial ayudaron a encontrarnos donde estamos. La zona del Museo Picasso, que generó a partir del 2002 una sobreexpectación en el rendimiento de los pases de balón, se convirtió paradójicamente, en un anticipo de la inactividad privada que en el resto de la ciudad eclosionaría a partir del 2007.

Recientemente, la Escuela de Arquitectura de Málaga, planteó desde su Cátedra de Construcción, una serie de propuestas para solares, que compatibilizan uso público y propiedad privada, evitando su degradación y el riesgo de contagio. Nuevas respuestas ante nuevas situaciones. Asimismo, muchas fachadas apuntaladas y sin edificio que envolver, hablan de relaciones interespecíficas muy escasas en el reino animal, como la tanatocresis del cangrejo ermitaño y su ocupación de conchas vacías. Como ellos, los edificios se vacían de los organismos residenciales previos para ceder la gruesa concha de sus fachadas a otros proyectos.

Singular elección, que valida soluciones pasadas y ocupaciones de suelo menos optimizadas material y espacialmente que las posibles actualmente. Se precisan nuevos planteamientos urbanos y acciones mejor adaptadas a una realidad cambiada y cambiante que huye de la norma. Los neandertales carecían de mecanismos de mutación genético, y sus descendientes, copias sin variaciones de sí mismos, fueron incapaces de adaptarse al cambio de sus hábitats. Nuestros abuelos en cambio, supieron hacer del cambio su mayor potencial.

jueves, 16 de febrero de 2012

URBANISMO RELATIVISTA


Hay refranes asombrosos que dan muestra del poder de la inercia. Nunca he encontrado lógica al «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer». Como lo malo es objetivamente peor que lo bueno, para que este ejemplo de sabiduría popular tenga algún sentido hay que centrarse en el segundo integrante de la frase: lo conocido frente a lo por conocer, el conocimiento (aunque sea de lo malo) frente a la ignorancia (aunque sea de lo bueno). Inevitablemente, a nuestro favor aunque parezca lo contrario, el flujo del tiempo hace que el conocimiento de una realidad se vuelva obsoleto al ritmo de los cambios que ésta experimenta, y obliga a seguir atentamente el curso de las cosas.

Al ser las ciudades el mayor experimento en marcha imaginable, personas incluidas, el conocimiento que se tiene de ellas, y la manera en que se resuelven y aprovechan los problemas-oportunidades urbanas, necesita de una actualización continua, o al menos de un cambio de modelo de gestión urbanística. Muchas herramientas de gestión urbanística empiezan a parecer trincheras intelectuales de las que no se desea salir. Algo así como la inmovilidad de la comunidad científica a comienzos de siglo XX en la defensa a ultranza de los modelos clásicos de la física Newtoniana, que veía en la teoría de la relatividad de Einstein, una puerta al caos. Parece práctica habitual en los distintos campos del saber, querer conservar cualquier victoria del conocimiento, incluso más allá de la vigencia de su utilidad.

En urbanismo, seguimos funcionando con PGOU, lo que por el hecho de seguir haciéndolo es de agradecer. No obstante, las interesantes jornadas de difusión del Plan General celebradas a comienzos de semana, traen ecos científicos familiares, con modelos urbanos clásicos poco convincentes, pero aceptados ante la carencia de modelos urbanísticos relativistas que no fuercen el encaje de una realidad urbana fluida y mutante en la estática concepción que tenemos de ella. Parece que una verdad momentánea cuesta mucho trabajo alcanzarla como para desprenderse de ella y construir otra nueva. No debería ser así, si con la conquista de nuevos conocimientos y sobre todo, modelos ágiles de gestión urbanística garantizamos un mejor desarrollo de nuestras ciudades.


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 9 de febrero de 2012

CIUDAD POSTAL



Fernando Zóbel intentaba fijar en su pintura los paisajes que veía, no cómo eran, sino cómo los recordaba. De alguna manera el recuerdo mantenía a salvo de la omnipotente visión, la riqueza sensorial de lo experimentado, evitando así que la imagen fuese determinante en el resultado final de sus obras. En ellas la vista cedía el paso a evocaciones de otros sentidos, junto a los cuales se retrataba más fielmente la realidad. La figura se desdibujaba. 

Las postales de una ciudad hasta cierto punto aspiran también a mostrar una realidad y pueden aportar de forma paralela otra información valiosa. Una postal es un retrato de ciudad, casi una fotografía-carnet, o de perfil de Facebook. Una postal se entiende siempre como un rostro favorable de la ciudad que se vende a través de ella. La variedad de las postales muestra de manera directa la riqueza de un lugar, hasta el punto de que casi se puede comprender cómo es una ciudad a través de la lectura de sus postales. En ellas se ven monumentos, fiestas, paisajes, universidades, fauna y flora, son ventanas a las ciudades que visitamos. Orgullos de una comunidad.

Con este enfoque, Málaga está orgullosa de su paisaje, que se refleja en multitud de postales de playas y atardeceres marítimos, de su gastronomía y de sus fiestas, de su triada de monumentos históricos: teatro romano, alcazaba musulmana y catedral cristiana, que de forma casi aislada aparecen en gran número de postales. Soy aficionado a mirar las postales de mi ciudad para ver qué nuevas noticias ofrecen, reconocer sus logros y nuevas aportaciones. Siempre busco en los retratos de familia nuevas incorporaciones, nuevos rostros de la ciudad que amplíen los ya conocidos: tal vez postales de la universidad, de nuevos campus o actividades, de nuevos complejos fabriles, o la incorporación de nuevas áreas residenciales de la ciudad, de operaciones urbanísticas de nuestro tiempo que añadir a la representación del urbanismo del siglo XIX: Alameda, Parque y Calle Larios, y también de ejemplos de arquitectura contemporánea, que sepan mostrar el presente como el principal valor de una ciudad en crecimiento. Y junto al cuidado de lo antiguo valioso, más producción de lo nuevo.


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 26 de enero de 2012

ARQUITECTURA NO TÓXICA

Cualquier progreso arquitectónico necesita a la vez del avance tecnológico, y de la destreza social capaz de mejorar con dicho progreso el habitar humano. El comienzo de la arquitectura arranca con la ambición y la convicción de que se puede vivir mejor en la tierra; no con el monumento, sino con el cobijo. En algún momento el hombre no necesitó más de cuevas naturales, y fue capaz de construirlas en cualquier lugar, extendiendo su habitat a la totalidad del planeta. Me gusta imaginar el optimismo de algunos de nuestros antepasados capaces de cambiar para todos la inercia de la cueva, y convertir la construcción de la vivienda en una acción revolucionaria.

En La Senda de la Imaginación, Richard Kearny identifica el postmodernismo de los ochenta con la glorificación de la imagen arquitectónica, de la que somos herederos. Desde esa seducción por la imagen –propiciada por su fácil difusión televisiva y el protagonismo añadido– se llevó al paroxismo la valoración de los proyectos-totem, en una ilusoria identificación de la personalidad de una ciudad con la distintiva forma de una arquitectura, en ocasiones sin contenido sustancial. Hay abundantes ciudades con costosísimos contenedores sin contenido: aeropuertos como el de Lleida, museos o toda una Ciudad de la Cultura en Santiago de Compostela o el incomprensible Metropol Parasol de Sevilla con cuyo coste, estimado en 85 millones de euros, se podrían haber realizado 2.000 viviendas y cobijado a 8.000 personas.

Con el ruido de lo andado parece olvidarse que el proyecto prioritario de una ciudad es la vivienda y que los necesarios esfuerzos por dotar de nuevas centralidades a muchas ciudades europeas, Málaga entre ellas, pasa por enriquecer e idear nuevas formas de habitar los distintos barrios, creando y cuidando comunidades que consoliden el tejido urbano con la vida que sólo el residente aporta.

El crítico de arquitectura William J.R.Curtis lleva años insistiendo en la toxicidad social de arquitecturas que intentan «ligar sus ciudades de provincias a la ilusoria economía global» y anteponen un incierto e intangible bien general a la suma de beneficios individuales que genera la residencia. Así lo creo, si somos capaces de recuperar en la vivienda su originaria condición de proyecto estratégico.


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 12 de enero de 2012

PEQUEÑAS VARIACIONES


Me gusta el concepto «salto evolutivo» porque relativiza el alcance del término revolución, vinculándolo a un flujo de acontecimientos del que forma parte, con cierta trascendencia pero sin protagonismo absoluto. Así, las revoluciones vienen a ser momentos señalados de las evoluciones que las originan. O lo que es lo mismo, los grandes cambios suceden por la suma de pequeñas, pero continuas variaciones.


Desde hace aproximadamente quince años, el Centro Histórico de Málaga se regenera gracias principalmente a la reconquista del espacio público con procesos de peatonalización, la restauración y renovación de inmuebles y la modernización de infraestructuras y comercios. Todo bien; o casi, pues la liberación del espacio público del tráfico que lo invadía, necesita una correcta gestión de usos y cuidados.



Los momentos extraordinarios del calendario, cada vez más duraderos y ordinarios, propician medidas específicas de «embellecimiento» que devalúan lo conseguido hasta ahora al emplear el mobiliario patrimonial del espacio público como instalaciones auxiliares de macetas, iluminaciones decorativas o papeleras. Panta Rei es una bellísima escultura de Blanca Muñoz situada en la Plaza del Siglo, que brota del adoquinado circular entre giros y cimbreos a la conquista del aire.



Esta valiosa pieza de arte se ha llenado, por un cuidado descuidado, de macetones y papeleras. Algo así como si se aprovechara el marco de un cuadro para colgar unas llaves o una fregona. Del mismo modo, la insólita iluminación navideña de calle Larios, ha utilizado las farolas como perchas siguiendo el mal ejemplo de las macetas-bufanda que devalúan estas piezas históricas de forja. Incluso han crecido dos farolas nuevas al tres bolillo en el arranque de la calle, por la eventual necesidad de más bastones para la ostentosa iluminación.



Cuidemos las pequeñas variaciones porque de ellas depende la consolidación y preservación de lo logrado o su deterioro, en un flujo casi imperceptible. Gabriel Rebollo, arquitecto restaurador junto a Gabriel Ruiz Cabrero, de la Mezquita de Córdoba, decía que «las obras de arquitectura son obras colectivas» y así lo creo, especialmente en los espacios públicos, tan frágiles a la acumulación desordenada de iniciativas de embellecimiento o mantenimiento. Y es que el urbanismo es también la suma de nuestras acciones en la ciudad.


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 8 de diciembre de 2011

3, 2, 1… Puerto

Hay frases que uno escucha y que sin saber por qué se convierten en recuerdos recurrentes que se fijan a sí mismos cuanto más se recuerdan, como si repasásemos una y otra vez el trazo de un pensamiento. En negrita. Cuando pienso sobre el puerto de Málaga y el ruido que se ha generado sobre él, regresa una de esas frases, que escuché a mi querido profesor de proyectos: «La realidad es la que es, no la que creemos que es». Así es el puerto: el que es, no el que creemos que es. Y así está bien.

El puerto es una realidad urbana tan compleja que no se puede hacer de él una valoración apoyada en las historias de su tramitación, agotadora tras casi treinta años desde que en 1983 el PGOU de Málaga lo considerase Sistema General. El acuerdo de 2004, entre Ayuntamiento y Autoridad Portuaria, para la integración en la ciudad de los Muelles Uno y Dos, fue vital para que la concurrencia de competencias en este espacio estratégico, no generase vectores de acción opuesta que sumasen cero. Tampoco sería ajustado hacer una evaluación sobre juicios arquitectónicos. La posibilidad de deslizar el plano superior del Paseo de la Farola sobre el Muelle Uno permite incorporar superficies comerciales sin casi presencia arquitectónica, dejándole al Muelle Dos y a su arquitectura de vidrio, las funciones representativas de la intervención. Tal vez, la valoración que se precise de la intervención portuaria sea, a diferencia de otros proyectos, prioritariamente social y económica.

De alguna manera el puerto de Málaga es un proyecto que muestra las alfombras rojas y arenas movedizas de toda ciudad, y como los koans de los maestros zen, su realización es en sí una gran pregunta, que nos lleva a seguir pensando sobre la naturaleza de Málaga y sus progresos. El puerto cada vez es más ciudad. La prueba de su integración está en la aceptación generada desde que se abrió al público el Muelle Dos, y su evidente consolidación con la reciente apertura del Muelle Uno. Todo puede ser de muchas maneras, hasta que es sólo de una. Ahora toca alegrarnos y vivir lo mejor posible el espacio recién llegado.
 

jueves, 24 de noviembre de 2011

ME SABE A MAR




El mar. La mar...Guardan las ciudades marítimas una relación extraña con los mares a los que se arrimaron, y en un comportamiento casi mimético se mueven hacia la mar y se repliegan de ella. Las ciudades que decidieron ser la mitad de un paisaje que rozan a través de su siempre frontera movediza siguen en su desarrollo urbano el extraño baile de las olas. Málaga también va y viene, en su historia y acciones, del mar al que acerca o aleja de sí, en una conducta veleidosa como los tiempos.

No hay paisaje natural más privilegiado que contemplar limpiamente la línea del horizonte. Sólo es posible en el mar, en el desierto y en los polos. Y sólo el mar ha favorecido por su prodigalidad, los asentamientos urbanos. Los ríos garantizaban el agua potable; el mar, los alimentos. La desembocadura del Guadalmedina en el Mediterráneo era un lugar perfecto para el surgimiento de un asentamiento. Y se demostró con la precocidad de nuestra ciudad, que acumula como pocas otras, tres mil años de historia.

Desde ese entonces, los espacios urbanos, apenas si han tenido relación directa con los espacios del mar. La extraordinaria línea del horizonte, que se orilla en la ciudad en una horizontal perfecta, a nivel del mar, es óptima para trazados de todo tipo de vías. Todas han sido fronteras entre mares y ciudades, y el tiempo y el progreso han ido salvando estas fronteras del hombre para volver a recuperar la naturaleza de sus orígenes. Málaga tuvo el tranvía litoral; se quitó y la ciudad ganó su orilla de levante; aun necesitada de solucionar el estrangulamiento del paseo marítimo en los Baños del Carmen y ampliar generosamente la sección peatonal de la calzada en toda la extensión del barrio de Pedregalejo. La inercia en algunas ciudades que asocian el progreso al transporte, y en especial al automóvil, simpatiza con la ampliación de carriles rodados. Esto puede pasarle a un Paseo de los Curas cada vez más alejado de volver a ser un paseo. Le llega otro carril, que aumentará la frontera entre el Parque y el Mar. Y Málaga veleidosa se aleja y se acerca a su mar.


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

miércoles, 16 de noviembre de 2011

NOTAS DE ESPACIO PÚBLICO



Sostiene Werner Jaeger en su libro sobre los ideales de la cultura griega, que el ritmo «es lo que impone unas ligaduras a los movimientos, y contiene el flujo de las cosas». Del mismo modo, para los griegos, el ritmo era «aquello que se desarrollaba a partir de un dibujo» y que permite en la limitación y guía de un esquema, el desarrollo ordenado de una realidad. El ritmo es una especie de ruta de viaje, cuya consecuencia es el flujo controlado del movimiento, producido por una ordenación de elementos sonoros en la música y visuales en la arquitectura.

La decisión de renovar un espacio urbano evidencia su deterioro u obsolescencia ante nuevas necesidades. Así lo mostraron las renovaciones de Puerta del Mar, la Marina, Larios y la Constitución, Molina Lario o la reciente plaza de la Merced. Se necesitan nuevos ritmos que completen los existentes. Probablemente el mayor logro sea elegir el ritmo adecuado, es decir, acertar en el planteamiento de la renovada identidad urbana. Una identidad que se muestra en la transición continua y silenciosa de pavimentos, vegetación y mobiliario, como marco físico de los episodios arquitectónicos de la ciudad histórica. 

La plaza de la Merced según el modelo del XIX de rotonda peatonal y doble anillo de aceras y tráfico, tenía una claridad funcional de la que carece la actual renovación con discontinuidades y confusión en los ritmos y usos, que están precisando de toscas aclaraciones de circulación peatonal y rodada, mediante vallados de macetones, que devalúan el alcance de la reciente reforma. Tal vez la elección de modelos de desarrollo urbano de los siglos XIX y XXI mezclados pero no integrados, dificulta la obtención de la identidad precisa.

Las políticas urbanas que desde la Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico de 1975, hasta la Carta de Gubbio de 1990 o el Memorándum de Viena de 2005, reconocen el papel primordial desempeñado por los centros históricos como núcleo de identidad y patrimonio de sus ciudades, y la necesidad de su renovación insisten en que «la recalificación debe integrar tanto la conservación activa como la innovación necesaria dentro del respeto de la memoria del lugar». Innovación como renovación de la identidad. 

jueves, 10 de noviembre de 2011

URBANISMO DEL OESTE




De los once distritos que gestionan la ciudad de Málaga, el número siete corresponde a la Carretera de Cádiz. Los nombres siempre encierran grandes verdades, aunque el uso cotidiano amortigüe y diluya en gran medida la intensidad de los significados originales. 

La Carretera de Cádiz está envuelta de barrios reciclados del tejido industrial del siglo XIX y de las viviendas de trabajadores que se concentraban en torno a las fábricas. El resultado de estas viviendas junto a la carretera es la amalgama de barriadas más densa de Málaga en términos urbanísticos, es decir, la que tiene una mayor proporción de metros cuadrados construidos en relación a las superficies de plazas, calles, y zonas verdes. Como consecuencia, su densidad de población, con más de 20.000 habitantes por kilómetro cuadrado, se convierte en la mayor de Málaga, muy superior a los 600 habitantes del distrito Este o incluso al ejemplo de compacidad que supone el Centro Histórico, que no supera los 15.000.

Este desequilibrio se ha mitigado en la zona sur del distrito, con la creación, en los últimos diez años, de parques públicos que han corregido parcialmente la dureza de planteamientos sin urbanismo, que buscaron el máximo rendimiento edificatorio. Junto a estas medidas de regeneración del distrito del «far-west», comienza ahora la recuperación del área del soterramiento de las vías del AVE y el Cercanías. La mejora de la calidad urbana de sus habitantes depende mucho de esta intervención.

La distribución y reparto de estos espacios ha de realizarse con generosidad hacia el peatón, frenando cierta inercia por repetir o realizar lo ya existente con materiales más nobles. El alcance de la renovación de un espacio público radica principalmente en la mejora de su concepción urbanística; los materiales vienen después. Los desdoblamientos de la nacional 340 con la Autovía del Mediterráneo, la Hiperronda o el Paseo Marítimo, y el consiguiente desvío del tráfico, permiten nuevas concepciones urbanas en las que los vecinos de las barriadas sean los principales usuarios. Brahms decía que la dificultad de componer buena música estaba en saber intercalar los silencios. También sucede con el buen urbanismo, donde lo difícil consiste en situar acertadamente los vacíos de edificación y tráfico.


jueves, 20 de octubre de 2011

BE WATER

Hace tiempo me contaron una bella historia que si «non è vera é ben trovata» sobre los asentamientos litorales en la costa mediterránea. Las distancias que separaban los distintos poblados costeros, origen de muchas ciudades actuales, no solían superar los quince kilómetros. Esta distancia venía determinada por el reparto que hacían de la costa, es decir del mar como fuente de sustento, los primeros grupos pobladores y su descendencia, quienes a su vez repetían el proceso repartiéndose las riquezas naturales. La verdad es que con la provincia de Málaga y su Costa del Sol, se cumple la regla, y es difícil imaginar una ciudad más abrazada al mar.

He vuelto a Braudel y a releer su Mediterráneo en un intento por comprender mejor la naturaleza de esta denominación, y la condición indiscutible de Málaga dentro de ella. No entiendo cómo es posible que la Comisión Europea no haya incluido a Málaga en «el Corredor Mediterráneo» de la red de infraestructuras de transporte prioritarias. Vuelvo a mirar la línea serpenteante del Mapa Oficial del Ministerio de Fomento. Un hilo rojo y azul, cose Norte a Sur las principales ciudades del litoral mediterráneo español: Barcelona, Tarragona, Castellón, Valencia, Alicante, Murcia, Almería…de repente, la línea bicolor, de alta velocidad de viajeros y de mercancías, hace una sorprendente pirueta geográfica, faltando a toda lógica, para llegar a Algeciras saltándose Málaga.

Hay lógicas maleables, que pueden modificarse con discursos habilidosos; hay otras que son aplastantes y su negación levanta la indignación. Ésta es una de ellas: el Corredor Mediterráneo, y la importancia de la cofinanciación comunitaria durante los duros años por venir, no puede dejar a Málaga al margen de la activación económica, laboral y social que una inversión tan trascendente tendrá sobre las ciudades elegidas. Damián Quero, en su escrito sobre la Geografía y la Urbanización en las Ciudades Mediterráneas, ponía a Málaga como ejemplo recordando la ocupación espontánea de los espacios deseados. Hace ciento cincuenta mil años ya lo sabían los Neanderthales, que colonizaron el Bajondillo. En la actualidad, y cito textualmente: «Málaga vive un proceso convulso y opaco de cambio de destino…donde los ciudadanos son espectadores de incomprensibles juegos administrativos y empresariales» Y tanto.

jueves, 22 de septiembre de 2011

ELOGIO DEL CAMINO



Vivir en una ciudad es vivir en espacios extraordinarios. Sus caminos y espacios, tan naturales para sus habitantes al asumirlos con la familiaridad de lo heredado, son realidades urbanas complejas fruto de una lenta evolución y mejora. Creo recordar que fue Oscar Tusquet quien dijo que el pensamiento griego comenzó a afilarse en el momento en que determinados espacios públicos de sus ciudades se nivelaron y empedraron, y contra natura, empezaron a aparecer extensas superficies planas, de una exactitud hasta entonces exclusiva del mar. Algo tan aparentemente sencillo, como un firme homogéneo y predecible liberó la atención prestada al irregular camino, y la colocó en los propios pensamientos. 


Hay sendas y veredas, caminos y cañadas, calzadas, calles y callejones…, denominaciones que muestran la riqueza de los «espacios de la comunicación». El cuidado y renovación que los ya existentes requieren, no ha sido habitualmente una prioridad en el desarrollo urbano de las ciudades. En los noventa las estrategias de reactivación de áreas urbanas degradadas, basadas en la implantación de destacados equipamientos, tuvieron un efecto regenerador poco notable. En cambio, algo aparentemente más discreto, como la renovación de una calle favorece claramente el caserío que la encauza. Las calles no son sólo espacios de comunicación, sino que también son el caudal de aire y luz que nutre a las viviendas, y el paisaje al que miran. Por ello, el arreglo de una calle, mejora y revaloriza cualquier vivienda que da a ella, en mayor medida que cualquier reforma interior. 


Málaga sigue, gracias a una continua renovación de sus espacios públicos, mejorando su imagen y revalorizando su patrimonio doméstico. La carga monumental, al este de calle Larios ha focalizado lógicamente, muchas de estas intervenciones; si bien actuaciones como la de calle Especerías, al oeste del edén, muestra hasta qué punto una magnífica calle estaba oculta bajo diseños que priorizaban el uso del automóvil. Muchas otras «calles del oeste» esperan su turno: calle Sagasta, Moreno Carbonero, Guillén de Castro, Sebastián Souvirón, Atarazanas… todas ellas en el entorno del Mercado de Atarazanas, una zona pendiente de recuperar el valor, que sólo la degradación de sus calles mantiene oculto. Es fácil imaginarlas llenas de luz y aire fresco.

Artículo publicado en La Opinión de Málaga