Mostrando entradas con la etiqueta Alameda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alameda. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de abril de 2013

REFLEXIÓN DOMINÓ



Málaga no termina de comprender bien el cometido de los concursos de arquitectura. Un concurso de ideas ayuda a conocer la realidad urbana sobre la que se quiere actuar gracias a la participación de personas aptas al cometido del mismo. De este modo, la realidad muestra sus valores evidentes y descubre otros nuevos con los que orientar el desarrollo de sus potenciales. El conocimiento de las cualidades de la realidad es directamente proporcional a la previsión de los efectos que la intervención tendrá sobre ella. Lo contrario genera sorpresas –sobresaltos cuando son negativas–, al encontrarse uno con las consecuencias imprevistas de las propias actuaciones. La realidad urbana chirría cuando se la violenta y el paisaje más aún.
La conquista de algunas certezas ayuda, y hasta la incomprensible y empobrecedora intervención que se está cometiendo en el Paseo Marítimo Pablo Ruiz Picasso puede aportar algunas conclusiones útiles. La más evidente es reconocer el valor patrimonial del paisaje marítimo tristemente oculto con la construcción de la cadena de merenderos de hormigón, faltos de la ligereza y transparencia deseables. Otra es el cuestionamiento de la validez de los sistemas de gestión por supervisión múltiple cuando puede arrojar resultados como el presente, contrarios al más básico sentido común. Probablemente, la fidelidad política o administrativa, o el descarte de aquellos criterios alejados del pensamiento líder impidan el descubrimiento de errores en marcha y su parada antes de ejecutarlos. Otra certeza enriquecedora y necesaria para una ciudad es que los asuntos urbanos, arquitectónicos o paisajísticos se aclaren mediante auténticos debates, en términos urbanos, arquitectónicos o paisajísticos y no políticos, que arrojen luz y no polémica sobre el modo de hacer las cosas.
La pobreza del debate del metro a su paso por la Alameda se ha visto algo superada por este nuevo debate ciudadano, más centrado en los temas propios que implica construir el litoral a pie de playa. La solución es compleja, no está en rematar la faena ni tampoco en convocar a destiempo un concurso de ideas para «invisibilizar» la barrera visual creada forrándola con macetas. Maquillar lo malo no es bueno; menos cuando se puede obtener lo bueno mediante gestiones más abiertas y participativas.

jueves, 31 de enero de 2013

EL METROPOLITANO



La palabra metro aparece en el diccionario castellano de la RAE como «unidad de longitud del sistema internacional» y como «tren subterráneo». En inglés el significado de la palabra subway es más literal: camino-por-debajo. El metro, abreviatura de metropolitano, es un transporte ideado para las grandes ciudades, con el fin de conectar zonas distantes evitando que la congestión del tráfico en superficie cree, a su paso, barreras por la ciudad. Las líneas de transporte conectan distancias al precio de separar cercanías; cuanto mayor es la velocidad mejor conectan las distancias y también mejor separan las cercanías a ambos lados de su trazado.
Por lo general, las conversaciones que tienen como tema central de debate una obviedad y que no son capaces de encontrar el acuerdo de la lógica o el lógico acuerdo –según lo que se quiera primero– suele ser debido a que en el discurrir del asunto interfieren lógicas de segundo, tercer e incluso cuarto orden. Los equilibrios de los razonadores por exponer convincentemente sus lógicas preferidas envolviéndolas de otras más populares o de moda, suelen retardar la llegada de los necesarios acuerdos para seguir haciendo las cosas entre todos.
Tiene mérito defender un metro en superficie, por el esfuerzo semántico, y la evidencia de que en Málaga, un metro sobre la Alameda es una barrera urbana definitiva. A pesar de los ánimos afines al razonar, siempre aparece lo obvio para chafar las intenciones más empáticas: un metro sobre la Alameda es un golpe de katana urbano a lo Kill Bill. ¡Zas!, en dos. Tras un siglo de tráfico creciente, la Alameda aguanta a duras penas mientras se buscan soluciones urbanas para conectar los barrios de ambos lados de la congestión circulatoria. Soluciones para unir el Soho malagueño con el lado bueno de la ciudad al otro lado de las doce! vías de la Alameda. Sus actuales 400 metros valla deben convertirse en la plaza verde lineal que conecte barrios segregados de ciudad histórica. Y a esto, unas vías de tren en superficie, por muy tranvía moderno y sostenible que quieran contarlo, ayudan poco. Un barco no es un submarino económico que flota; por mucho que se insista. Eso creo yo.

jueves, 22 de noviembre de 2012

ALAMEDA Y METRO



El cambio excesivo produce vértigo; la permanencia estancamiento. La realidad urbana sigue su curso con una inercia que escapa cada vez más al control a medio y largo plazo. De tal modo que los proyectos que se emprenden tienen junto a influencias intencionadas en sus alrededores espaciales y temporales, muchas otras más difíciles de prever, que abrirán opciones o las cerrarán en el desarrollo de la ciudad deseada. Hablar del modelo de ciudad es lo mismo que preguntarse cómo se quiere vivir una ciudad y si es posible dirigir su crecimiento de forma que sólo por vivir en ella, sus ciudadanos sean más ellos mismos.

Desde hace unas semanas, una exposición con paneles y fotografías de los antes y después de la ciudad, realizada cómo no, en calle Larios, evidencia la naturaleza difusa del progreso. Junto a comparaciones muy satisfactorias en las que uno elige sin dudar el presente, hay otras en las que sin querer se resbala hacia el deseo de haber podido vivir y disfrutar espacios del pasado, que a duras penas reconocemos en la ciudad presente y que describían prioridades perdidas.

Málaga tuvo en el siglo XIX y hasta los años 30 del siglo pasado, una Alameda para pasear. La idea no fue nueva, pero con su realización surgió un espacio de representación con el que mostrar la ciudad. Hoy, lo que fue un espacio de congregación y representación, ha degradado en la autovía que cruza el centro histórico partiéndolo en dos. Al sur de la calle Larios, el ensanche Heredia de finales del XIX busca sobrevivir a su aislamiento mediante el proyecto del Soho. Junto a la invención de un carácter urbano atractivo, esta empresa urbanística necesita la recuperación de la Alameda y la regeneración del oeste de la calle Larios, cuyo entramado une el Ensanche de Heredia con la Ciudad-Medina. El grado en que se libere la Alameda de tráfico determinará sus opciones a medio y largo plazo. Para ello, el proyecto del metro es capital, porque su realización abrirá las mejores posibilidades de regeneración urbana, mientras que el tranvía en superficie supondría reducir la frontera sin solucionarla. Una Alameda, como las de antes. No me parece mucho pedir.