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jueves, 18 de agosto de 2011

LA CIUDAD HUESPED















El nomadismo se superó gracias al cultivo de alimentos, junto a los cuales nuestra especie echó raíces. El sedentarismo trajo consigo cierta seguridad frente a la incertidumbre del movimiento continuo y sobre todo cierta autonomía sobre el medio natural. Estas congregaciones primeras dieron lugar, según su protagonismo en la Historia, a ciudades de distinto rango. Hoy todas ellas rivalizan en alguna medida por mostrarse al mundo de manera atractiva, para convertirse en destino deseable de posibles visitantes.


Con la consolidación a finales del siglo XVIII del "Grand Tour", bajo cuyo nombre se conocían los viajes que hacían por la Europa Continental los personajes más acomodados de Inglaterra, surgiría el "Tourism". De él derivaría el actual Turismo, que de ser una actividad de minorías, acabaría convirtiéndose finalmente en un fenómeno de masas. Este nuevo nomadismo, no por necesidad sino por ocio, propio de finales del siglo XX y principios del XXI ocupa el tiempo libre, calificado por lo general como tiempo de ocio. Las ciudades protagonistas en la Historia: Roma, Atenas, París, Madrid…tienen un campo gravitatorio poderoso, vinculado de forma natural al rico patrimonio cultural, que solo la suma de tiempos sobresalientes es capaz de generar y consolidar.


Muchas otras ciudades buscan, Málaga entre ellas, una posición favorable dentro del amplísimo abanico de ofertas de ocio existentes. Algunas de estas ofertas son capaces de crear enormes complejos y hasta ciudades exclusivas para el entretenimiento, que se dan atracones continuos de visitantes. Una ciudad que surge del nomadismo lúdico es en sí algo extraño, una paradoja urbanística, un concepto aparentemente contradictorio en sí mismo. En ellas no existen habitantes reales, sino procesiones de visitantes que descansan de la realidad misma. 

La Feria de Málaga, cuyo crecimiento parece continuo, se ha convertido con el tiempo, y durante nueve días al año, en una ciudad de la diversión, anexa a Málaga, para recuperar su triste y desaprovechada condición de espacio vacío, durante el resto del año. Superada cierta dimensión y escala, las "atracciones" se convierten en extrañas ciudades efímeras, que rivalizan con su ciudad anfitriona; en una hiperactividad demasiado concentrada. Turismo dentro de sí, en capitales turísticas capaces de generar hasta ciudades exclusivas del tiempo libre.


jueves, 6 de enero de 2011

EN UN LUGAR PROPICIO

Gonzalo Díaz Recasens, catedrático de proyectos de la Escuela de Arquitectura de Sevilla, insistía en que «la arquitectura transforma un lugar y lo convierte en sitio...» Sin duda, la capacidad que tiene la arquitectura de singularizar un lugar, de humanizarlo y volverlo propicio a las actividades del hombre, es la principal cualidad que se espera de ella; más aún en la vorágine de intereses encontrados que son las grandes ciudades.

Hay necesidades individuales y necesidades sociales y toda ciudad deber de ser capaz de encontrar el tiempo para satisfacer ambas. Una ciudad que solo se ocupa de las necesidades individuales evidencia su incipiente grado de desarrollo y la carencia de una estructura social que convierta a una suma de individuos cohabitando una porción de tierra, en una comunidad solidaria capaz de moverse en sintonía a la búsqueda de bienes comunes.

Por otro lado, una ciudad que solo desarrolle proyectos generales, descuida las necesidades primarias que tiene el ciudadano para vivir: la vivienda. Un olvido que aleja la ciudad de su cometido y le hace perder su sentido. A pesar de los inmuebles vacíos, sin vender o sin alquilar, Málaga sigue con necesidad de vivienda insatisfecha. Y así seguirá hasta que oferta y demanda se encuentren, por la aceptación de beneficios menores por parte de la oferta o por el muy improbable incremento del poder adquisitivo de los demandantes. Entre medio, la aprobación del PGOU 2011, pone nuevo suelo en circulación para la construcción de más viviendas. Lo cual también parece improbable hasta que tengan salida las existentes en el mercado. 

Este desequilibrio de necesidades individuales debe mitigarse de forma conjunta y sin olvidar el desarrollo de iniciativas que muestran el grado de cohesión y organización de nuestra sociedad civil y clase dirigente. Así, proyectos como, el Museo de la Aduana, el Auditorio de la Música de Málaga o el inabordable Plan del Guadalmedina son trascendentes porque mostrarán tanto la capacidad de Málaga para ilusionarse como la de la clase gobernante para trabajar unida. Tenemos nueva libreta en blanco. Toca escribir despacio y con buena letra, dando más por menos, si queremos que el 2011 sea el año de inflexión que todos deseamos.


Publicado en la Opinión de Málaga.