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jueves, 11 de abril de 2013

REFLEXIÓN DOMINÓ



Málaga no termina de comprender bien el cometido de los concursos de arquitectura. Un concurso de ideas ayuda a conocer la realidad urbana sobre la que se quiere actuar gracias a la participación de personas aptas al cometido del mismo. De este modo, la realidad muestra sus valores evidentes y descubre otros nuevos con los que orientar el desarrollo de sus potenciales. El conocimiento de las cualidades de la realidad es directamente proporcional a la previsión de los efectos que la intervención tendrá sobre ella. Lo contrario genera sorpresas –sobresaltos cuando son negativas–, al encontrarse uno con las consecuencias imprevistas de las propias actuaciones. La realidad urbana chirría cuando se la violenta y el paisaje más aún.
La conquista de algunas certezas ayuda, y hasta la incomprensible y empobrecedora intervención que se está cometiendo en el Paseo Marítimo Pablo Ruiz Picasso puede aportar algunas conclusiones útiles. La más evidente es reconocer el valor patrimonial del paisaje marítimo tristemente oculto con la construcción de la cadena de merenderos de hormigón, faltos de la ligereza y transparencia deseables. Otra es el cuestionamiento de la validez de los sistemas de gestión por supervisión múltiple cuando puede arrojar resultados como el presente, contrarios al más básico sentido común. Probablemente, la fidelidad política o administrativa, o el descarte de aquellos criterios alejados del pensamiento líder impidan el descubrimiento de errores en marcha y su parada antes de ejecutarlos. Otra certeza enriquecedora y necesaria para una ciudad es que los asuntos urbanos, arquitectónicos o paisajísticos se aclaren mediante auténticos debates, en términos urbanos, arquitectónicos o paisajísticos y no políticos, que arrojen luz y no polémica sobre el modo de hacer las cosas.
La pobreza del debate del metro a su paso por la Alameda se ha visto algo superada por este nuevo debate ciudadano, más centrado en los temas propios que implica construir el litoral a pie de playa. La solución es compleja, no está en rematar la faena ni tampoco en convocar a destiempo un concurso de ideas para «invisibilizar» la barrera visual creada forrándola con macetas. Maquillar lo malo no es bueno; menos cuando se puede obtener lo bueno mediante gestiones más abiertas y participativas.

viernes, 5 de abril de 2013

IDENTIDAD PROPIA



Decía el pensador rumano Émile Cioran que cuando nuestra especie alcanzó la consciencia empezó a cargar con el deseo de reconocimiento. La obtención de reconocimiento, ya sea individual o colectivo no es un simple deseo narcisista, sino la confirmación de unas acciones bien hechas y un tiempo bien invertido. Hasta cierto punto la gratificación anímica que otorga cualquier tipo de reconocimiento es muestra de utilidad y trascendencia, nuevamente individual o colectiva.
Cada ciudad elige cómo mostrar su mejor perfil y con dicha elección empieza a fijar su identidad al definirse con los rasgos que van implícitos en la arquitectura con la que se muestra a los demás: Roma muestra su monumental orgullo histórico con el Coliseo, París y toda Francia se representan con la Torre Eiffel, la construcción más alta del mundo hasta que Nueva York alzó el rascacielos Chrysler en los treinta. Ambos casos muestran el orgullo por unas sobresalientes capacidades técnicas. Londres se enorgullece de su orden y gobierno, expresado en el Big Ben, Torre del Reloj del Parlamento de Westminster. Sevilla con la cristianización del alminar de la antigua mezquita reinstauró una Fe. Bilbao se enorgullece de su modernidad con el Guggenheim... Todas las ciudades muestran a través de sus iconos urbanos el alcance de sus capacidades y el depósito de sus identidades.
Málaga es una ciudad que no se muestra a través de un edificio, y eso en sí ya es una singularidad. Málaga se enseña a sí misma con sus espacios públicos: principalmente Alameda y Calle Larios. Quizás más por esta última, al ser más recientes los méritos de su realización a finales del siglo XIX, y conservarse mejor gracias a las obras de rehabilitación y peatonalización que hace once años acometiese el Ayuntamiento de Málaga con la ayuda de los Fondos Europeos. Este mostrarse urbano desde el espacio público y no desde edificios es un rasgo muy especial de comunidad, que pone en la manifestación concreta del ciudadano mismo el rasgo principal de su identidad. Identidad viene de idéntico, de lo igual a sí mismo, como calle Larios, capaz de mantenerse como brújula en la memoria de la mejor versión de una ciudad y su ciudadanía.

Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 14 de febrero de 2013

CAPACIDAD DE RELACIÓN



El cerebro del homo sapiens está compuesto por cien mil millones de neuronas. Las experiencias de la vida van estableciendo conexiones entre ellas que permiten el desarrollo del potencial intelectual y el mejor rendimiento del pensamiento. Las experiencias positivas construyen sinapsis y cerebros inteligentes, las negativas las destruyen consiguiendo con ello apagar el brillo de los pensamientos. La capacidad de funcionar en red condiciona, por encima del número de neuronas, el alcance de nuestros cerebros.
Y esta capacidad de relación que la Naturaleza busca y recompensa con ventajas para la supervivencia, se repite en distintos fenómenos a distinta escala. La organización de una ciudad precisa de la enriquecedora relación entre sus habitantes, de modo que el conocimiento y valoración del capital comunitario amplíe las posibilidades de acción de sus miembros. El geógrafo Jared Diamond cree que la falta de inteligencia social se debe a la incapacidad para detectar los problemas o prever el efecto de las propias acciones, en un malfuncionamiento de los grupos de intereses e individuos que los forman, incapaces de conectar sus inteligencias entre sí, y quedándose por ello, aislados en un escalafón inferior al social.
La ciudad es una radiografía del estado de salud social que muestra una comunidad. A nivel urbano, la calidad de su arquitectura, la conexión entre sus barrios, la mezcla de usos, o la riqueza y variedad de sus actividades dan de forma continua un diagnóstico. Las mejores arquitecturas son las que saben establecer mejores relaciones entre sus partes; a todos los niveles: relaciones entre los elementos que componen una fachada: muros y huecos; entre las distintas estancias, de cuya proximidad y vinculación se enriquece su uso; entre los espacios interiores y exteriores que se refuerzan por contraste... La existencia de barreras, no sólo físicas, sino administrativas e ideológicas reducen una y otra vez la necesaria capacidad de relación para producir sinapsis ciudadanas y acuerdos políticos con los que avanzar. No hay nada más sostenible en la construcción de una ciudad y su sociedad que la capacidad para generar acuerdos que marquen el rumbo de los principales proyectos urbanos y nada menos deseable que observar como las neuronas entran en un proceso de ensimismamiento estéril.

jueves, 31 de enero de 2013

EL METROPOLITANO



La palabra metro aparece en el diccionario castellano de la RAE como «unidad de longitud del sistema internacional» y como «tren subterráneo». En inglés el significado de la palabra subway es más literal: camino-por-debajo. El metro, abreviatura de metropolitano, es un transporte ideado para las grandes ciudades, con el fin de conectar zonas distantes evitando que la congestión del tráfico en superficie cree, a su paso, barreras por la ciudad. Las líneas de transporte conectan distancias al precio de separar cercanías; cuanto mayor es la velocidad mejor conectan las distancias y también mejor separan las cercanías a ambos lados de su trazado.
Por lo general, las conversaciones que tienen como tema central de debate una obviedad y que no son capaces de encontrar el acuerdo de la lógica o el lógico acuerdo –según lo que se quiera primero– suele ser debido a que en el discurrir del asunto interfieren lógicas de segundo, tercer e incluso cuarto orden. Los equilibrios de los razonadores por exponer convincentemente sus lógicas preferidas envolviéndolas de otras más populares o de moda, suelen retardar la llegada de los necesarios acuerdos para seguir haciendo las cosas entre todos.
Tiene mérito defender un metro en superficie, por el esfuerzo semántico, y la evidencia de que en Málaga, un metro sobre la Alameda es una barrera urbana definitiva. A pesar de los ánimos afines al razonar, siempre aparece lo obvio para chafar las intenciones más empáticas: un metro sobre la Alameda es un golpe de katana urbano a lo Kill Bill. ¡Zas!, en dos. Tras un siglo de tráfico creciente, la Alameda aguanta a duras penas mientras se buscan soluciones urbanas para conectar los barrios de ambos lados de la congestión circulatoria. Soluciones para unir el Soho malagueño con el lado bueno de la ciudad al otro lado de las doce! vías de la Alameda. Sus actuales 400 metros valla deben convertirse en la plaza verde lineal que conecte barrios segregados de ciudad histórica. Y a esto, unas vías de tren en superficie, por muy tranvía moderno y sostenible que quieran contarlo, ayudan poco. Un barco no es un submarino económico que flota; por mucho que se insista. Eso creo yo.

jueves, 10 de enero de 2013

LA DESESPECIALIZACIÓN DEL TRABAJO



El homo sapiens no sabe mucho, pero se afana en comprender. El deseo de entender la realidad, más allá incluso de la utilidad inmediata de la comprensión adquirida, puede que sea quizás junto con la empatía la cualidad más genuina de nuestra especie; aquella que nos ha diferenciado de otras especies animales y cualificado en nuestra evolución. El despliegue de conocimientos y la consiguiente ramificación de los campos del saber determinó en las sociedades primitivas el comienzo de la especialización del trabajo. Nos especializamos ergo avanzamos.

Decía el arquitecto japonés Tadao Ando que la Arquitectura se medía por la distancia que un proyecto, tras cumplir el programa funcional y garantizar la estabilidad estructural, era capaz de recorrer tras lograr los requisitos anteriores. En este recorrido, la continuación del trabajo del arquitecto buscaba, busca, envolver el proyecto de otras cualidades más difíciles de lograr y explicar que de percibir: belleza, serenidad, orden, alegría? cualidades con las que trascender el caos y el ruido para construir la habitación pasajera del hombre.

El reciente Proyecto de Ley de Servicios Profesionales elaborado por el Ministerio de Economía que desespecializa la actividad propia de los arquitectos y habilita a ingenieros con competencias en edificación para proyectar y dirigir obras de edificios residenciales, culturales, docentes o religiosos, muestra con claridad la preferencia legislativa por la lógica de lo cuantitativo, fácil de clasificar en tablas, normas y reglamentos que simplifiquen su control. Lo peor de este proyecto legislativo no es su contenido, o la ramplona Regla de Tres argumentada por el Ministerio como justificación: «si un profesional –arquitecto o ingeniero– es competente para realizar una edificación, se entiende que también será capaz de realizar otras con independencia de su uso»; sino la evidencia del desconocimiento de nuestros legisladores sobre las profesiones que tratan de legislar y la involución social que supone el camino de «desespecialización» profesional implícito en dicho Proyecto de Ley. Por no hablar del sinsentido de titulaciones universitarias y años empleados por las personas que cursan una carrera para alcanzar dichas especializaciones profesionales y poder a través de ellas servir a construir una sociedad mejor. Urge una transición normativa hacia la lógica de lo cualitativo. Con permiso de nuestros gobernantes.

jueves, 8 de noviembre de 2012

RESISTENCIA Y MECENAZGO



En Arquitectura no hay nada ineludible salvo la fuerza física de la gravedad y el deseo necesario o su carencia. La ciudad surge de un original deseo compartido por el hombre: el deseo de agruparse y convivir, para conseguir con ello ampliar el horizonte de nuestras posibilidades existenciales, gracias básicamente a los cuidados solidarios de una comunidad frente a la desprotección de una supervivencia aislada. Para esto sirven las ciudades sino, deberían llamarse de otra manera.

En la Vega de Granada, la fábrica azucarera de San Isidro construida a principios del siglo XX, asiste a un desafortunado proceso de acoso y derribo disfrazado de progreso e inevitabilidad económica. Algunas «hipótesis de futuro» en el trazado del AVE casualmente precisan del pequeño lugar ocupado por esta valiosa arquitectura industrial y su patrimonio paisajístico para ubicar en él, a cuatro kilómetros de Granada, una incomprensible estación ferroviaria. En la prehistoria, los cazadores empleaban pieles de animales para acercarse a su presa sin ser vistos y conseguir así cobrarse la pieza; desde entonces los habitos cinegéticos se mantienen con pequeñas variaciones. En la ciudad existe la depredación urbana, los resultados los estamos viviendo en las consecuencias de un poder omnímodo y voraz que exprime el territorio para sacar zumo urbanístico mediante recalificaciones indiscriminadas de Naturaleza. Los disfraces de los nuevos cazadores son más sutiles y complejos y sus brillantes cotas de malla están trenzados con la aleación más mimética de legalidad, progreso y plusvalía.

En la Torre de la fábrica de San Isidro, el arquitecto Juan Domingo Santos tiene su estudio de arquitectura. Desde él han salido hermosos proyectos valorados internacionalmente; como el que intenta proteger este patrimonio industrial como Centro Cultural de la Vega de Granada, continuando en él, las actividades culturales desarrolladas hasta el presente. Junto a algunos colectivos sociales y políticos, el arquitecto que con Álvaro Siza desarrolló la propuesta ganadora del concurso del nuevo acceso a la Alhambra, mantiene una resistencia protectora alimentada por la certeza de que sucumbir al arrollador depredador inmobiliario sólo acabaría devaluando los valores patrimoniales, arquitectónicos y paisajísticos de Granada. Hay veces en que la mera resistencia puede convertirse en un acto de mecenazgo. Creo que ésta es una de ellas.

jueves, 1 de noviembre de 2012

LA CIUDAD IMPREDECIBLE


Antiguamente la impredictibilidad de la Naturaleza llevó al hombre a inventarse una realidad física en la que desarrollar sus existencias sin el desasosiego de la incertidumbre. Las primeras combinaciones de individuos unidos en la supervivencia fueron pequeños clanes familiares. Con ellos aprendimos a cuidarnos mejor, al reducir el efecto de lo impredecible mediante la combinación de capacidades individuales. El incipiente comercio y sobre todo la necesidad del mestizaje que garantizase cruces de linajes y descendencia sana, propició la relación entre grupos diversos, y el surgimiento de los primeros poblados. Desde entonces tiempo y técnica.

El hogar es el lugar seguro en el que lo impredecible mengua. Nuestros antepasados  inventaron este sitio y el esfuerzo civilizador de los mejores en la historia consiguió ampliar su alcance a escenarios físicos cada vez mayores: la familia, la tribu, la aldea, la ciudad, incluso grupos de ciudades de las que brotaron distintas civilizaciones capaces de instaurar un orden global. La dimensión de esta sensación de seguridad mide el tamaño del hogar y el éxito del orden político, social y económico imperante. Cuando la incertidumbre aprieta, el tiempo se distorsiona convirtiendo el mañana en un futuro a largo plazo. Aparentemente la convivencia con la incertidumbre y por tanto con la falta de previsión reduce el margen de movimiento tanto social como individual, que a falta de seguridades debe volver a recuperar la confianza en el vecino y sobre todo a coincidir con él en acuerdos.

Los ciclos de poder democráticos nos han acostumbrado a contemplar a Gobierno y Oposición como fuerzas antagónicas que se esfuerzan en inmovilizarse entre sí. Cuando en las ciudades, que son nuestros hogares comunes, no se tiene la seguridad que da la prosperidad económica, la única forma de recuperar algo de certidumbre pasa por el acto creativo y generoso de imaginar en grupo y coincidiendo. Málaga agudiza su impredictibilidad, mientras proyectos y opciones urbanas viables no fijan su deriva ni en el necesario acuerdo previo a su realización.  Paul Auster reflejó muy bien en "El País de las Últimas Cosas" la deshogarización de un lugar que finalmente devino más impredecible, que la impredecible Naturaleza a la que regresó su protagonista. O eso quiero recordar.

Articulo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 18 de octubre de 2012

SIMULTANEIDAD 2



Nunca he comprendido bien la tendencia que existe a separar el mundo de las ideas del mundo físico de los acontecimientos del que formamos parte. De hecho, siempre he considerado el universo de las ideas como el manantial del que brotan nuevos mundos, realidades embrionarias aún sin desplegar, intuidas sólo por quienes las piensan. Siendo así, el mero acto de pensar transforma la realidad, porque desde cada pensamiento surgen nuevas posibilidades para construirla. Con ello, el consenso o la coincidencia y superposición de pensares individuales, no sólo es un acto políticamente deseable, sino una suerte de fenómeno de la física que clarifica futuros posibles, aumentando sus probabilidades. También en las ciudades.

Existen tantas realidades urbanas como pensamientos de ciudad. Realidades dispersas, volátiles, superpuestas, deseadas, esquivas...El físico español Juan Ignacio Cirac, director del Instituto Max-Planck de Alemania, explica la realidad subatómica desde su condición indefinida y simultanea, donde el observador modifica con su observación las características de la naturaleza que investiga. A vueltas con la idea de simultaneidad, el azar y Juan José Millás trajeron el lunes el artículo 'Simultaneidad' donde se mostraba la coincidencia, también en el mundo a nuestra escala, de algo y su opuesto, como la pésima novela genial.

Málaga podría compartir en su naturaleza indefinida características similares a las que explican los fenómenos cuánticos. Simultáneamente es una ciudad culta y un lienzo de pintadas; es una ciudad monumental llena de construcciones de barro; es emprendedora en mitad de debates eternos. La Catedral inacabada mantiene vivo, cinco siglos después, el acuerdo de su construcción. Málaga se vuelve peatonal mientras la posibilidad de un metro en superficie planea por la autopista de la Alameda. Tenemos en la plaza de la Merced una paradoja urbanística de simultaneidad doble: una plaza decimonónica del siglo XXI, rodada-peatonal. Envuelta en Naturaleza, la ciudad asfixia la parte de ella que aísla en su interior. Los festejos de Semana Santa y Feria manifiestan un refinamiento bárbaro...En Málaga todas las posibilidades funcionan a la vez, y el sí y el no suceden simultáneamente, en una suerte de lógica sofisticada de pensamiento múltiple, que vuelve extraordinaria la ciudad, y la convierte en el mayor ejemplo de realidad cuántica. O no.


jueves, 4 de octubre de 2012

EL VARADERO DEL CARMEN




Las ciudades, como organismos vivos que son, tienen sus momentos de crecimiento y sus momentos de consolidación. Los primeros son determinantes porque dotan al organismo de una estructura general sobre la que se asentarán evoluciones posteriores ya implícitas en sus trazas maestras. Se crece y se engorda, para una vez conquistado el espacio circundante con garantías suficientes de prevalecer, volver a crecer y acto seguido volver a engordar. Hay crecimientos desordenados que a falta de una estructura guía generan ciudades adiposas, carentes de una promoción sana y con enormes problemas de digestión inmobiliaria.

La crisis que después de seis años deviene en la situación corriente, se mantiene en parte por unas formas de funcionar, que a fuerza de costumbre, mantenemos pero amortiguadas. No se aprecian nuevos hábitos, sino una reducción de los ya existentes. Algo así como seguir conduciendo en la misma dirección solo que más despacio. Un crash a cámara lenta. El lado bueno es que recortando las prácticas poco adecuadas que nos han conducido al presente se reducen también los efectos, y puede que empiecen a surgir nuevas formas de intervenir en las ciudades, más saludables, más decididas, y menos aleatorias.

Sorprende conocer la riqueza de episodios con los que ha crecido el Balneario del Carmen. A orillas de los cerros del Morlaco y San Telmo, debe su sitio a una antigua cantera con cuya piedra se amplió el puerto de Málaga y ganó al mar el Parque. En el Balneario prosperaron reputados astilleros, llenos de calafates a lomos de cuyos barcos se transportó el monte dinamitado. También hubo fútbol en sus playas, embarcadero, cine y pista de baile, hubo verbenas y campeonatos de tenis y por supuesto hubo el Balneario del cual el tiempo nos arroja hoy sus restos. Resulta incomprensible cómo un ejemplo de vida en momentos históricos sin recursos, se estanca y degrada convirtiéndose en una interrupción del litoral de levante. Parece que hay, nuevamente, el deseo de injertar un nuevo uso. Esperemos que en esta ocasión, las necesarias iniciativas municipales encuentren vientos favorables y no un lugar para vararse, siguiendo el nombre original de estas playas y manteniendo la onírica quietud de los últimos cuarenta años.

viernes, 17 de agosto de 2012

SE EXPORTA ARQUITECTURA


Las ciudades no son el invento de un día. Su devenir ha estado siempre vinculado a una evolución azarosa en una suma y resta continua de logros y deméritos sociales, frutos de las tensiones demográficas y económicas, que tienen en la Cultura, en el Arte, uno de los principales indicativos de su salud. Una ciudad que fabrica Cultura es una ciudad que es capaz, superadas las necesidades básicas del habitar, de trascender su mero crecimiento físico. Sin duda alguna la diferencia entre una gran ciudad y una ciudad grande radica en la cantidad y calidad de su producción cultural.

El legado arquitectónico que la Málaga actual recibió del siglo XIX gracias a una arquitectura doméstica y proyectos urbanos de indudable calidad, mejoraron la vida de sus habitantes y convirtieron la ciudad en un referente urbanístico internacional. La buena arquitectura es una de las mayores producciones de cultura deseables porque muestra tanto la presencia de un tejido profesional formado y capaz, como la solvente organización socioeconómica que les permite el natural desarrollo de unos oficios aprendidos en una sutil urdimbre de capacidades.

En recientes artículos tanto la arquitecto Cristina García Baeza como la Historiadora de Arte Anatxu Zabalbescoa muestran cual es la actual realidad profesional de titulaciones superiores como la Arquitectura y diferentes Ingenierías, y evidencian no ya una fuga, sino una estampida de cerebros. Por encima del dinero, esta pérdida de talento es la principal descapitalización que una sociedad puede sufrir porque la aleja de sus mejores logros.

Si sumamos el hecho de que las escuelas de Arquitectura reducen cada año el número de nuevos titulados -el caso de Málaga es preocupante- evidencia que la calle, aun bajo apariencia festiva, es un territorio entre hostil y estéril al que se evita o postpone al máximo salir para no derrochar esfuerzos, braceando en cauce seco. Los nuevos destinos fuera del primer círculo europeo vuelven más improbable la recuperación de una generación que no puede desarrollarse en su país de origen. Hay en esta circunstancia una doble noticia: una que muestra carencias evidentes de un país que pierde ciudadanos natales y otra que enseña la preparación y el éxito internacional de estos jóvenes profesionales.


jueves, 21 de junio de 2012

DE PIEDRAS Y FRIGORÍAS


Cuentan que con motivo de la construcción del Ministerio del Aire en los 50, el joven arquitecto Sáenz de Oiza, recién regresado de los Estados Unidos, dijo a su veterano colega Gutiérrez Soto: «D. Luis, menos piedras y más frigorías». Este alegato a favor de la incorporación de adelantos tecnológicos en la arquitectura española de entonces, para incrementar el confort térmico, fue durante mucho tiempo un ejemplo de modernidad y vanguardia.

La beneficiosa incorporación de nuevas tecnologías de las instalaciones a la arquitectura es un hecho indiscutible. A finales del siglo XIX por ejemplo, la llegada del agua corriente y el alcantarillado a las ciudades, hizo surgir el cuarto de baño como hoy lo conocemos, con una evidente mejora de la calidad de vida y aseo. Las continuas aportaciones de la tecnología en muchos campos, culminados por dos espectaculares hechos en el siglo XX: la llegada del hombre a la luna y la incorporación de las nuevas tecnologías digitales en la vida cotidiana, han mitificado el empleo de la tecnología como algo siempre indicativo de progreso.

Esta circunstancia, unida a la confluencia de estándares constructivos en países de la Comunidad Europea, ha determinado que en los últimos diez años, climas con distintas características y necesidades incorporen en las construcciones la misma tecnología de las instalaciones como sinónimo de calidad arquitectónica. En demasiadas ocasiones, dicha tecnología enmascara y cubre carencias de proyecto cuya insuficiente arquitectura necesita el apoyo externo de maquinaria, olvidando cuestiones de soleamiento, ventilación y refrigeración naturales, que aportan un confort más económico.

Igual que el ornamento en arquitectura se convirtió a principios de siglo pasado en algo superfluo, es decir en algo que rebosaba lo necesario de la construcción y el habitar, la idolatría a ciertas tecnologías como sinónimo de progreso está cargando de ornato tecnológico la vivienda del siglo XXI. Un adorno muchas veces mantenido por la ficción de un poder económico inexistente que obligará a recuperar en el arte de proyectar los criterios de la mal llamada «arquitectura pasiva». Nunca la arquitectura será más activa que en los casos que logra reducir sus exigencias tecnológicas y la inversión necesaria en su construcción. Y nuestro clima, afortunadamente, lo permite.



Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 14 de junio de 2012

VÉRTIGO




El anuncio de la Unesco de retirar el título de Patrimonio de la Humanidad a la ciudad de Sevilla alertando del peligro monumental que supone la construcción de una torre de cuarenta plantas me parece una manifestación extrema de poder e influencia sobre el devenir arquitectónico y urbano de una ciudad, y una de las reacciones institucionales más desmedidas imaginables ante la construcción de un edificio cuyo pecado consiste en superar la altura de la Giralda, que hace ocho siglos era el edificio más alto de Europa y que aún hoy sigue siéndolo de Sevilla.

Resulta sorprendente la autoimposición de un techo en la construcción de las ciudades, y el miedo a unas alturas que podrían reducir la huella ecológica ocasionada por la ocupación extensiva del territorio. Pasó en Córdoba con una torre fallida cuya altura se quiso superior a la Mezquita, también en Málaga con las torres de Repsol, que los prejuicios a la construcción en altura, han reducido a bloques altos. Y ahora pasa en Sevilla, donde se vive con alarma la construcción de la Torre Cajasol, proyecto de Cesar Pelli, junto a la Cartuja, a dos kilómetros de la Giralda. Este desasosiego también se vivió en París, donde el nuevo rascacielos de la Défense, realizado por el Pritzker Tom Mayne, tuvo que reducir su altura para no superar la Torre Eiffel.

Una ciudad no se daña por un edificio emblemático o una torre, sino por el insignificante pero acumulativo efecto que malas prácticas de la construcción pueden tener sobre ella. La ciudad son sus viviendas. El empleo de malos materiales en ellas, ya sean ladrillos, ventanas, puertas, o bisagras, el uso de soluciones constructivas defectuosas, o la realización de proyectos deficientes desviados de su fundamental propósito social, son la verdadera amenaza de las ciudades al reducir la calidad arquitectónica media del patrimonio heredado. Y esto es así porque la lentitud de su propagación camufla su carácter invasivo y facilita una aceptación silenciosa. Es un error fijar el techo de nuestras ciudades según la altura de los logros arquitectónicos de nuestros antepasados. Basta pensar que la arquitectura que hemos heredado y de la que nos sentimos orgullosos existe gracias a que ellos no cayeron en este incomprensible vértigo arquitectónico.



jueves, 24 de mayo de 2012

LA INVENCIÓN DE LA NECESIDAD


La capacidad para realizar herramientas fue determinante para el progreso de nuestra especie. Esta habilidad se desarrolló gracias a la evolución de nuestros pulgares que emigraron del grupo de dedos del que formaban parte, para diferenciarse del grupo de cuatro restante. Este rasgo distintivo unido a las ventajas de una gastronomía ya más elaborada y amable, reduciría nuestras primitivas mandíbulas, liberando espacio craneal para pensar algo mejor. Y con el pensamiento, vinieron las soluciones, y antes de ellas, las capacidades para detectar las necesidades, cuando todas eran reales.

Los edificios son en sí complejísimas herramientas, algo así como una gigantesca navaja suiza que sirve para todo, hasta para vivir en su interior. Los complejos procesos de crecimiento de los metaorganismos que son las ciudades, han inventado nuevas necesidades, no solo individuales o sociales, sino incluso urbanas: necesidades abstractas de la propia ciudad, muchas veces de difícil comprensión para ciudadanos con necesidades individuales insatisfechas que habitan y alimentan la misma ciudad. Un edificio sin uso es algo muy extraño, como una cuchara hueca, sólo aparentemente útil.

En el Darwing College de Cambridge, Richard Rogers insistiría en que la arquitectura debe cubrir las necesidades del ciudadano, ampliar su conocimiento, desarrollar su creatividad y favorecer su iniciativa. Sorprende que junto a solares permanentes surjan nuevas situaciones urbanas inéditas, como son los equipamientos vacíos, edificios con usos que no prosperan, con usos sin una necesidad real que los valide, con usos dirigidos a una demanda saturada. Málaga excedió su cupo museístico útil, mientras la creatividad de sus ciudadanos, «materia prima de la nueva economía», continúa necesitada de espacios para desarrollarse. La disolución reciente de usos muy tangentes a las necesidades reales del ciudadano, como el museo de las gemas en el edificio de la Tabacalera, o el abstracto uso cultural, tan incomprensible como el cubo de cristal que lo anuncia, sobre la bolsa de metros cuadrados construidos en la esquina del Muelle Uno, convierten su futuro en un acertijo. Estoy convencido que detrás de esta decepción, existe la extraordinaria oportunidad de convertir estos espacios en fábricas de arte y cultura propia. Lugares para producir crecimiento social, con el que recuperar nuevamente el sentido de necesidad satisfecha.

jueves, 17 de mayo de 2012

FRONTERAS URBANAS


La piel de cualquier animal, cambia y se especializa a cada centímetro, imperceptiblemente, sin interrupciones. El protagonista de La Escala de los Mapas de Belén Gopegui, recorría visualmente la piel de su amada, en un viaje mental sin fronteras, donde el paisaje de su cuerpo se especializaba sin desconexiones... Las ciudades, como supraorganismo del que formamos parte, muestran también a través de su tejido urbano, un estado de salud. La evolución de las ciudades durante el siglo XXI muestra cómo la concentración de funciones sobrecarga el tejido urbano, generando fronteras internas y reduciendo el bienestar social. Las ciudades pueden, como los continentes, explicarse mediante mapas físicos con fronteras geográficas, y también como ellos, podrían entenderse mediante sus invisibles mapas políticos, hechos de fronteras creadas por el hombre y consolidadas por las sociedades.

Las ciudades crean fronteras habitacionales en forma de barriadas marginales, donde comunidades desafortunadas viven atrapadas en campos de gravedad residencial. O fronteras circulatorias, ocasionadas por la concentración del tráfico rodado en estrangulamientos capaces de transformar paseos y parques en carreteras-barreras con flujos y velocidades que erosionan la cohesión y continuidad del tejido urbano, y propician el aumento de un transporte privado poco sostenible. Existen también fronteras funcionales por la concentración exclusiva de actividades en un espacio y tiempo también condensados, que fuerzan los límites elásticos de una ciudad, como la Feria y la Semana Santa, acontecimientos importantísimos de la ciudad que siguen planteamientos urbanos desajustados. Junto a las anteriores, la degradación de fronteras geográficas, como muestran en Málaga el estado de sus ríos y ocasionalmente su litoral marítimo, dan un muestrario de especies fronterizas no deseadas. Una frontera interna en una ciudad es una nueva línea en su mapa político, cada vez más fragmentado y alejado de su mapa geográfico original.

Durante la dirección de la última Bienal de Venezia, SANAA mostró su convicción de que los habitantes de una ciudad tienen el poder de difuminar las fronteras acumuladas, y conseguir que el tejido urbano vuelva a integrarse en la topografía del paisaje natural como una tela continua, que desciende sobre la tierra con tiempo, hasta posarse en ella sin fronteras, sin interrupciones, con la misma fluidez que una buena melodía.


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

miércoles, 25 de abril de 2012

LA VOLUNTAD NARRATIVA


La misma voluntad que anima el cine estaba presente en las pinturas rupestres con las que nuestros antecesores contaban historias de caza, y se transmitían vivencias. Con ellas, sus protagonistas se representaban a sí mismos ante los demás, mostrando formas particulares de comprender y vivir la realidad. El camino recorrido por la innata voluntad narrativa del hombre ha evolucionado en el tiempo, multiplicando sus vías de expresión: los gestos y la palabra se ayudaron y simultanearon con la pintura. Más tarde la narración se fijaría en la escritura y más aún se representaría en el teatro. El Teatro es la nueva presentación de un acontecimiento valioso que ya sucedió, pero que merece su recuerdo. Del teatro surgiría el cine como una nueva vía, no solo de narración, sino de creación de realidades.

La necesidad de representación ante los demás, de expresión de una identidad propia, trasciende al individuo para alcanzar a los colectivos que suponen las ciudades. El sociólogo Erving Goffman reflexionaba sobre las interpretaciones del individuo para situarse en el nivel de representación que se tiene o se pretende para sí mismo dentro del grupo al que pertenece; concluyendo que todos somos actores. En el caso de las ciudades, el talento interpretativo y la misión de mostrar el mejor perfil de una comunidad, recayó históricamente en la arquitectura que mostraba a otros sus logros, y actualmente en su capacidad de generar actividades de interés, cuanto mayor mejor.

Un año más, el Festival del Cine de Málaga representa a la ciudad con narraciones de sí misma; llenando sus espacios de actividades y arquitecturas efímeras. El director cinematográfico Carl T. Dreyer cuidaba mucho sus escenarios de rodaje, invirtiendo más de la mitad del tiempo que empleaba en sus películas. No obstante, a diferencia del Teatro, defendía que en el cine la realidad era preferible a los decorados. En Málaga sin duda es así; por eso cuesta comprender como a su paso por calle Alcazabilla los escenarios ocasionales ocultan el Palacio de la Aduana o el Teatro Romano, capaz por sí solo de enraizar el Festival de Cine en una voluntad narrativa milenaria y de representar mejor a Málaga como heredera de esa vocación.


jueves, 19 de abril de 2012

VERDE QUE TE QUIERO


Las culturas primitivas muestran un respeto innato por la Naturaleza, que manifiesta el sentimiento de hogar que tienen hacia ella. Los ritos geománticos con los que aun hoy se inician en Oriente las obras de los edificios, tienen por misión apaciguar las fuerzas telúricas y atraer la buena fortuna, y demuestran hasta que punto perviven en algunas culturas los restos de un respeto reverencial, casi religioso, por la madre Naturaleza que se sabe perturbada y cambiada con cada obra que hace el hombre. 

El cambio deliberado de una realidad presupone la certeza de que la realidad por venir mejorará la existente. Los cuidados en la construcción de la Casa del Hombre por que esto fuera así, han ido aflojándose a medida que la Naturaleza original se alejaba, separada por la dimensión y el ambiente de las ciudades que hemos sido capaces de construir. La reducción de signos de la naturaleza en convivencia con el medio ambiente urbano es dramática. 

El proyecto CATMED agrupa junto a Málaga, diez metrópolis mediterráneas, que buscan promocionar un modelo urbano sostenible basado en la compacidad de la ciudad clásica mediterránea. Las investigaciones del OMAU, concentradas en su proyecto «Manzana Verde» permiten visualizar una forma de crecimiento, que repara los efectos del consumo ininterrumpido de suelo y recursos característico de la industria inmobiliaria, extendiendo la ciudad y aumentando la dependencia del uso del automóvil. Por encima del diseño arquitectónico, o el consumo de tecnologías cuya incorporación a los proyectos solo consigue darles un barniz ecológico, los planteamientos de la Manzana Verde, proponen la rehabilitación de un tejido urbano mediante cuidadas volumetrías edificatorias de óptimo soleamiento y una complejidad urbana basada en la simultaneidad de usos que favorece una movilidad autónoma, de recorridos cortos, reduciendo las emisiones de CO2. 

El filósofo alemán Wilhelm Schmid en "El Arte de Vivir Ecológico", insiste en que anteponer un proyecto de vida ciudadana a la expansión inercial de sus ciudades reconduciría el desvío que han sufrido en un desarrollo con calidad de vida decreciente. La Manzana Verde propone un nuevo modelo de crecimiento urbano que puede convertirse en experiencia piloto para enderezar el rumbo, y poder con menos dinero comprar una vida mejor.


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 12 de abril de 2012

HECHO COMO NUNCA

Teotihuacan fue una de las principales ciudades de Mesoamérica cuya decadencia a partir del siglo VII daría lugar al florecimiento de la civilización Maya. Sus restos se encuentran al norte de la ciudad de México. De ella desapareció hasta su nombre original, aunque tal vez el nombre que le dieron los mexicas, cuyo significado en náuhatl es «la Ciudad de los Dioses» refleje mejor la grandeza de su arquitectura y el asombro de las generaciones posteriores. Les bastaron sus ruinas para convencerse que los restos de la ciudad que contemplaban solo podía haber estado habitada por dioses que la abandonaron.

La valoración que hacemos de los tiempos suele llenar de fuerza el apego a las tradiciones, y los modos de funcionar aprendidos, que finalmente se vuelven incuestionables, y ante cuyas puertas, un «esto siempre se ha hecho así» responde a la llamada de nuevas ideas. Los teotihuacanos tenían entre sus tradiciones la de quemar todas las posesiones que habían acumulado en varias generaciones, ropajes, vajillas, enseres domésticos… con el fin de comenzar un tiempo en blanco. 

Jorge Wagensber habla en su reciente libro, "Más árboles que ramas", del carácter positivo que puede tener una crisis, al ser la manera que tiene la incertidumbre de «señalar errores». Saber detectarlos es clave en nuestro deseo individual y colectivo de perseverar; modificar nuestra forma adquirida de funcionar lo es aún más. Después de cinco años de dura travesía para el sector de la construcción y la arquitectura, se necesitan urgentemente nuevas medidas que descarguen del peso creciente de gestión, supervisiones cruzadas y tasas económicas que inmovilizan a un colectivo exánime. 

Acostumbrados a un paisaje de grúas cuyo perfil indicaba la pujanza económica de nuestra ciudad; su casi desaparición junto con los trabajos asociados a ellas, obliga a una reconsideración severa del formato administrativo, profesional y colegial que en tiempos de bonanza se vinculaba a la arquitectura. A falta de recursos económicos, sólo lo que depende exclusivamente de las relaciones interpersonales y administrativas es mejorable. La solución no va a llegar a lo grande desde arriba, sino desde abajo, fruto del acuerdo creativo y generoso entre particulares capaces de hacer posible lo que nunca se hizo así.


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 5 de abril de 2012

EL VAIVÉN DE UN TRONO

El tamaño de un ladrillo es el resultado de un proceso histórico que responde a la envergadura de la palma de la mano y a la densidad del barro que lo compone, fundamental en el peso y en su manejabilidad. Un ladrillo demasiado grande no se puede manejar con una sola mano, uno demasiado pesado, tampoco. Estas dos variables entrelazadas han determinado un margen dimensional muy reducido para el material de construcción por antonomasia, cuyo desarrollo resultó espontáneo en culturas inconexas y cuya evolución afiló la solución final.

Para que una solución heredada, se pueda afilar, alcanzando su optimización, es necesario que la costumbre y la tradición que la emplea, no inmovilice el proceso de perfeccionamiento, blindando soluciones que pueden mostrarse deficientes desde su origen o desde la obsolescencia que otorga el devenir del tiempo. Las actividades multitudinarias de la ciudad vienen mostrando, cuando se concentran en el reducido espacio de sus centros históricos, un mal funcionamiento cuya evidencia crece año tras año, como algunas instalaciones que la acompañan. Feria y Semana Santa necesitan evolucionar y extender su influjo a toda la ciudad, para evitar los colapsos funcionales que ocasionan en el tejido histórico. Dos tradiciones de enorme valor cultural, religioso y turístico-económico pueden y deben extender su repercusión positiva en la ciudad. Se necesita de ambas que sepan evolucionar, enfrentándose a los problemas que generan con la incorporación de nuevas e imaginativas soluciones: multiplicación de itinerarios o repetición de procesiones, atomización de las tribunas principales y reparto disperso de nuevas tribunas menores, para evitar que año tras año, desaparezca la Plaza Mayor de Málaga aplastada por una tribuna excesiva que recuerda, en su factura y en su uso, tiempos del pasado…

Dom Van der Laan, arquitecto dominico de mediados y finales de siglo XX, hablaba de las transiciones en las texturas, los tamaños, o las formas de las ropas, los objetos y arquitecturas que nos rodean y acompañan nuestro vivir, y en la importancia de que el mundo material mostrase transiciones continuas, sin saltos, sin desequilibrios, ni ruidos…tal vez si hubiese conocido Málaga habría dicho que como un trono bien llevado, como su silencioso vaivén. Que el marco no estropee el cuadro.


jueves, 29 de marzo de 2012

MÁLAGA

Fotografía: Jesús Granada

En 1996 la Universidad de California recogió en una publicación los escritos del artista norteamericano Robert Smithson. En ellos reflexionaba sobre la naturaleza del paisaje, sobre las cualidades de los lugares. Y llegados a la inmersión número cien, pienso sobre las cualidades que atesora Málaga, que la hacen un destino que se elige, no sólo para vacacionar, sino para vivir. Málaga es una ciudad aluvión que difícilmente mostrará familias con más de tres generaciones nacidas en ella, pero que sabe ejercer una atracción superior a su contenido, imbuyendo en quienes la vivimos un alto sentimiento de territorialidad, y de pertenencia a un lugar.

Más de una vez me he detenido a observar a los turistas, para ver cómo disfrutan de Málaga, y volverme turista en mi ciudad, convirtiéndome así en explorador de lo cotidiano. Un turismo que sabe exprimir las posibilidades existenciales de una ciudad alegre y despreocupada, vital y caótica. Ni su historia, tan rica como diluida, ni sus escasos pero señeros monumentos, ni tampoco su oferta cultural alzada al pedestal de Picasso, me parecen especialmente determinantes, ni descriptivas de su carácter. Más que un lugar, Málaga ofrece un tiempo, un ritmo, lento, cadencioso, de rebalaje. Un tiempo como los que explica Smithson, «estacionario y sin movimiento», anti-Newtoniano, que no se dirige a ningún sitio, y que brilla a cada segundo. La ciudad de los presentes continuos y las utopías en cadena.

Los esfuerzos de los últimos veinte años en la rehabilitación del Centro Histórico han permitido rescatar un caserío humilde y recuperarlo como «unidad de orden» de una estructura urbana desarticulada, pero más amable que hostil. Málaga es una ciudad que sigue mostrando a través de su entropía urbana, una continua indeterminación, y que tal vez por ello, ofrece un mayor grado de libertad individual. Una libertad que permite sentir el bien estar a cualquiera que se encuentre en sus calles; que permite imaginar un conjunto de futuros abiertos: todos posibles, si la constancia y acuerdo de nuestros deseos los fija. Málaga, sugerente y seductora, como una voluta de humo, instantánea como un arco de mar, donde todo lo extraordinario es posible sin que apenas suceda nada, excepto la intensidad.

Artículo publicado en La Opinión de Málaga