La escala de las cosas define su magnitud con respecto a las dimensiones que componen la realidad. Las cosas, los acontecimientos, las arquitecturas son grandes o pequeñas, duraderas o efímeras. Cuando hablamos de la magnitud de una arquitectura inmediatamente pensamos en su tamaño, no tanto en su dimensión temporal, en su capacidad de perdurar y seguir siendo útil el máximo tiempo posible. Los tipos de duración definen la verdadera magnitud de las arquitecturas, y las convierten en monumentos temporales o en anécdotas, en reflejo substancial de nuestra identidad social compartida o en rasgo prescindible de la misma.
La arquitectura manifiesta la necesidad de espacios cualificados que favorezcan el despliegue de las actividades vitales, individuales y sociales, del hombre. Necesidades individuales, y necesidades sociales. Esfuerzos de unos pocos o de unos muchos. Aquellas necesidades y creencias compartidas, capaces de congregar a una comunidad de forma mayoritaria, suelen generar especies arquitectónicas de mayor longevidad. Hoy día las nuevas demandas sociales producen aeropuertos, campos de fútbol, hospitales…, arquitecturas perennes que significan y satisfacen las necesidades de movilidad, ocio y salud de nuestra sociedad. La vivienda, necesidad común, pero de índole individual, lamentablemente ya no se encuentra entre ellas, y no suele sobrevivir a sus habitantes. Junto a estas arquitecturas con distinto grado de permanencia, existen en las ciudades toda una serie de arquitecturas fugaces que visten periódicamente, demasiadas veces con ropajes insuficientes, las actividades que desarrollan en espacios públicos.
El Parque de Málaga muestra nuevamente, con la Feria del Libro, un ejemplo de estas arquitecturas de escena. Decía George Kubler que «los deseos humanos oscilan entre la réplica y la invención, entre el deseo de volver al patrón conocido y el de escaparse de él…». Aun cuando este año la Feria incorpora una pequeña variación en las casetas, muchas, tal vez por rutina o por el error de asociar el progreso al automóvil, siguen mirando al tráfico y dando la espalda al Parque, situando a los visitantes –siempre peatones– paseando junto a la carretera. El mayor uso que se hace del espacio público para eventos religiosos, culturales, o festivos, incrementa la presencia de arquitecturas efímeras en la ciudad. Toca subir el listón en todas ellas.
artículo publicado en La Opinión de Málaga
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jueves, 9 de junio de 2011
LOS CUIDADOS DE LO EFÍMERO
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miércoles, 12 de enero de 2011
ABEJAS SIN COLMENA
Vivir en una ciudad tendría que resultar tan natural y fácil para sus ciudadanos como lo es para una especie animal vivir en su hábitat. A un pingüino se le supone feliz viviendo en el Polo Norte, riesgos predatorios aparte, asumidos por la especialización al medio de su evolución natural. Hasta cierto punto podemos decir que existe una relación simbiótica no solo entre animales sino entre un lugar y sus habitantes en una adaptación de éstos con aquél.
Decía Ortega en sus Meditaciones sobre la Técnica que el hombre era la única especie que por su fragilidad, necesitaba y conseguía gracias a su inteligencia, transformar la Naturaleza para adaptarla a sí mismo. El hombre humaniza el medio natural ante su precaria «dotación de serie». Sorprende que nuestra fragilidad como especie haya determinado a la larga, y de momento, nuestra supremacía animal. Y así, la ciudad, principal obra de nuestra especie, es teóricamente el lugar en el que mejor se vive, ya que se construye o debería construir siguiendo los dictámenes de nuestras necesidades de protección, de relación, de crecimiento cultural y de desarrollo personal y profesional.
El siglo XXI estrenó milenio eufórico, y trajo consigo un breve Shangri-La urbano, con una «cara B» en la segunda década. Las ciudades se encuentran en alta mar con la necesidad de fijar «nuevos rumbos» como señalan las reflexiones del II Plan Estratégico de Málaga para el 2020. Nada tan ilusionante, ni tan necesario, como imaginar un futuro mejor. Hay que mirar al futuro para marcar un rumbo, pero sin olvidar las necesidades presentes de su tripulación. Una de las más acuciantes en Málaga sigue siendo la vivienda. Sin ella una ciudad se vuelve difícil, y se convierte en un hábitat que ralentiza los progresos de las vidas de sus ciudadanos, que no saben cómo adaptarse. La medida en que los gobiernos locales sepan consolidar acciones a corto plazo y favorecer inversiones privadas que promuevan viviendas asequibles mostrará la capacidad de una ciudad para solucionar necesidades primarias de sus ciudadanos. No olvidemos que la vivienda es la célula de la ciudad; su primera razón de ser y la principal necesidad de quien decide vivir en ella.
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martes, 4 de enero de 2011
CAMPO ABIERTO
Hace ya algunos años un compañero de promoción y yo nos acercamos a Barcelona a reverenciar la arquitectura atemporal del Pabellón de Barcelona de Mies, sus travertinos, el espacio fluido, más tarde enriquecido con el proyecto efímero que SANAA hiciese dentro de él con pieles acrílicas. Junto a esta pieza atemporal de la arquitectura acudimos al acuario a ver tiburones. Hay veces que la naturaleza considera que ha hecho bien las cosas y entonces mantiene la solución alcanzada al entender que es óptima para sobrevivir en el medio que habita. Hay ciudades afiladas que pertenecen a la misma especie y que mantienen rasgos identitarios de forma casi fija.
No es ésta la condición de Málaga, ciudad de rebalajes, que fluye al ritmo de los vaivenes económicos. Se acaba un año abundante en cambios, lleno de reajustes, de metamorfosis. Un año de observar como las cosas evolucionan necesariamente ante la variación del modelo inmobiliario que ha sustentado la actividad urbanística en los últimos tiempos. Que el modelo no era sostenible a la vista está. La situación presente permite, redefinir los objetivos y valorar la relación de esfuerzos-logros. Ha llegado el momento de valorar como grandes y estratégicos los proyectos pequeños; y de perseguir y exigir que la excelencia en la construcción y la arquitectura sea en nuestra ciudad un ingrediente constante, igual que lo es en tecnología o gastronomía.
El Congreso Internacional de Arquitectura de Pamplona que congregó entre otros, a los Pritzker Renzo Piano, Jacques Herzog y Glenn Murcutt analizaron cuales son los nuevos planteamientos de la arquitectura en la sociedad hoy día, su necesaria vinculación a la ecología, la importancia de recuperar la escala perdida de los edificios, la incorporación de modelos blandos, energéticamente autónomos de urbanización, la insistencia en la belleza como valor necesario en la construcción de nuestras ciudades y la ligereza de los edificios y mesura en el empleo de los materiales. Las ciudades pueden, deben, ser mejores lugares y han de recuperar plenamente su sentido primero como lugar de convivencia para beneficio mutuo. Herzog concluía con la necesidad de «afrontar el futuro de las ciudades con pasión y optimismo». Fundamental para una Málaga que sigue en tránsito.
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