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jueves, 20 de diciembre de 2012

LA SILLA VACÍA




Vestimenta, mobiliario y arquitectura son compañeros fundamentales, conforman junto a muchos objetos el atrezzo de nuestras vidas, destacando sobre la mayoría por su carácter envolvente. Cuanto más directo es el contacto, mayor es su libertad de movimientos y más humana su geometría. La ropa que a veces se convierte en techo, se mueve mímicamente sobre nosotros, como un familiar lejano de la arquitectura que fija su cobijo. La arquitectura acoge pero obliga a localizarnos y su pertenencia a un lugar acrecienta las raíces de sus moradores.

La contemplación de una silla vacía despierta siempre preguntas sobre su próximo ocupante, sobre su espera vacante, sobre su utilidad estando desocupada...Los edificios tienen, como decía la poeta cubana Dulce María Loynaz en la sostenida prosopopeya de los "Últimos días de una casa", una biografía íntima en la que se suceden escenas de las vidas que animan nuestras ciudades. La existencia de realidades que no alcanzan el objetivo para el que se realizaron, causa extrañeza: una cuchara que nunca conozca una boca, una silla siempre fría, o un edificio desocupado, tan solo lleno de su propio silencio, no dejan de ser procesos truncados, faltos de utilidad, pendientes de que los esfuerzos invertidos en realizarlos alcancen su justificación.

La ciudad está llena de espacios que alcanzan sus objetivos y se trenzan de vida, y también de otros que se estancan a veces, por la espera del uso perfecto. La valiosa operación urbana en el Puerto de Málaga, que incorpora los Muelles Uno y Dos al conjunto de espacios públicos, ha sabido extender el Centro Histórico hasta el mar, que por fin dejó de estar ausente en el paisaje contemporáneo de la ciudad histórica. El valor de esta intervención y del limitado espacio portuario, ha ocasionado que la construcción principal de la «esquina de oro», siga vacía, atrapada en el limbo constructivo existente entre una estructura acabada y un edificio útil, sin que se concrete el perfecto uso cultural deseado, ignorando si lo que se fuerza con este deseo es la oferta o la demanda que lo haga viable. Hay opciones menos idóneas, como el famoso hipermercado; pero las hay aún menos, como la existencia autista de un espacio privilegiado lleno de nada.

jueves, 8 de diciembre de 2011

3, 2, 1… Puerto

Hay frases que uno escucha y que sin saber por qué se convierten en recuerdos recurrentes que se fijan a sí mismos cuanto más se recuerdan, como si repasásemos una y otra vez el trazo de un pensamiento. En negrita. Cuando pienso sobre el puerto de Málaga y el ruido que se ha generado sobre él, regresa una de esas frases, que escuché a mi querido profesor de proyectos: «La realidad es la que es, no la que creemos que es». Así es el puerto: el que es, no el que creemos que es. Y así está bien.

El puerto es una realidad urbana tan compleja que no se puede hacer de él una valoración apoyada en las historias de su tramitación, agotadora tras casi treinta años desde que en 1983 el PGOU de Málaga lo considerase Sistema General. El acuerdo de 2004, entre Ayuntamiento y Autoridad Portuaria, para la integración en la ciudad de los Muelles Uno y Dos, fue vital para que la concurrencia de competencias en este espacio estratégico, no generase vectores de acción opuesta que sumasen cero. Tampoco sería ajustado hacer una evaluación sobre juicios arquitectónicos. La posibilidad de deslizar el plano superior del Paseo de la Farola sobre el Muelle Uno permite incorporar superficies comerciales sin casi presencia arquitectónica, dejándole al Muelle Dos y a su arquitectura de vidrio, las funciones representativas de la intervención. Tal vez, la valoración que se precise de la intervención portuaria sea, a diferencia de otros proyectos, prioritariamente social y económica.

De alguna manera el puerto de Málaga es un proyecto que muestra las alfombras rojas y arenas movedizas de toda ciudad, y como los koans de los maestros zen, su realización es en sí una gran pregunta, que nos lleva a seguir pensando sobre la naturaleza de Málaga y sus progresos. El puerto cada vez es más ciudad. La prueba de su integración está en la aceptación generada desde que se abrió al público el Muelle Dos, y su evidente consolidación con la reciente apertura del Muelle Uno. Todo puede ser de muchas maneras, hasta que es sólo de una. Ahora toca alegrarnos y vivir lo mejor posible el espacio recién llegado.