Mostrando entradas con la etiqueta iñaki pérez de la fuente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta iñaki pérez de la fuente. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de abril de 2013

REFLEXIÓN DOMINÓ



Málaga no termina de comprender bien el cometido de los concursos de arquitectura. Un concurso de ideas ayuda a conocer la realidad urbana sobre la que se quiere actuar gracias a la participación de personas aptas al cometido del mismo. De este modo, la realidad muestra sus valores evidentes y descubre otros nuevos con los que orientar el desarrollo de sus potenciales. El conocimiento de las cualidades de la realidad es directamente proporcional a la previsión de los efectos que la intervención tendrá sobre ella. Lo contrario genera sorpresas –sobresaltos cuando son negativas–, al encontrarse uno con las consecuencias imprevistas de las propias actuaciones. La realidad urbana chirría cuando se la violenta y el paisaje más aún.
La conquista de algunas certezas ayuda, y hasta la incomprensible y empobrecedora intervención que se está cometiendo en el Paseo Marítimo Pablo Ruiz Picasso puede aportar algunas conclusiones útiles. La más evidente es reconocer el valor patrimonial del paisaje marítimo tristemente oculto con la construcción de la cadena de merenderos de hormigón, faltos de la ligereza y transparencia deseables. Otra es el cuestionamiento de la validez de los sistemas de gestión por supervisión múltiple cuando puede arrojar resultados como el presente, contrarios al más básico sentido común. Probablemente, la fidelidad política o administrativa, o el descarte de aquellos criterios alejados del pensamiento líder impidan el descubrimiento de errores en marcha y su parada antes de ejecutarlos. Otra certeza enriquecedora y necesaria para una ciudad es que los asuntos urbanos, arquitectónicos o paisajísticos se aclaren mediante auténticos debates, en términos urbanos, arquitectónicos o paisajísticos y no políticos, que arrojen luz y no polémica sobre el modo de hacer las cosas.
La pobreza del debate del metro a su paso por la Alameda se ha visto algo superada por este nuevo debate ciudadano, más centrado en los temas propios que implica construir el litoral a pie de playa. La solución es compleja, no está en rematar la faena ni tampoco en convocar a destiempo un concurso de ideas para «invisibilizar» la barrera visual creada forrándola con macetas. Maquillar lo malo no es bueno; menos cuando se puede obtener lo bueno mediante gestiones más abiertas y participativas.

sábado, 2 de marzo de 2013

BÚNKERS EN LA ORILLA



Imaginemos una porción de costa donde tierra y mar se encuentran, o mejor dicho donde el mar deja de cubrir la tierra. Un lugar donde la Naturaleza muestra a la vez su fuerza y sutileza, donde la tierra se atomiza en gotas de arena para volverse agua. Brisa marina, sol y reflejos y en el horizonte una línea que divide azules.
La relación urbana con este valioso y minoritario paisaje de la Naturaleza (en España supone un uno por ciento de su superficie), ha sido y es muchas veces parecida a la del campesino con su gallina de los huevos de oro. El surgimiento y consolidación del turismo trajo consigo la colonización de litoral marítimo por las ciudades costeras, que buscaban lógicamente progresar optimizando el rendimiento económico obtenible. Cádiz y Málaga han ocupado sus litorales con sensibilidades muy diferentes. La «Costa de la Luz» es naturaleza costera; la «Costa del Sol», urbanizaciones de playa. Cádiz mantuvo mejor las condiciones naturales de su litoral, respetando el paisaje y protegiéndolo de las construcciones del boom turístico e inmobiliario. Málaga arrastra una tradición contraria donde la costa se colmó de edificaciones y explotaciones playeras que, cómo un nuevo orden agrícola, rastrillaron la agotada franja litoral.
Una de las mejoras más queridas por los playistas vino con los «merenderos», ligerísimas techumbres de caña, bajo cuya sombra calada se disponían en la arena mesas donde saborear «pescaíto frito» y refrescos. La evolución del merendero en Málaga no va bien. No, si observamos cómo la emblemática playa del Paseo Marítimo Pablo Ruiz Picasso se llena de búnkers. Construcción pura y dura (no ligera y desmontable, sólo demolible): forjados, pilares, muros de hormigón armado, sótanos, y hasta lo nunca visto: ascensores en la playa! «Urbanismo–ansia–viva». El optimismo permite reducir la valoración del daño paisajístico, al pensar que podrían alinearse más búnkers, o ser más grandes, con más plantas o ascensores... Vivimos instalados en el disparate nacional, y este mal mayor ensancha muchas fronteras menores –paisajísticas, urbanísticas, o administrativas– agrandando el conformismo. Mientras tanto, en Fuengirola, una orden de demolición de la Junta de Andalucía planea sobre sus homólogas construcciones de playa. Tal vez también Málaga tenga la misma suerte.

Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 31 de enero de 2013

EL METROPOLITANO



La palabra metro aparece en el diccionario castellano de la RAE como «unidad de longitud del sistema internacional» y como «tren subterráneo». En inglés el significado de la palabra subway es más literal: camino-por-debajo. El metro, abreviatura de metropolitano, es un transporte ideado para las grandes ciudades, con el fin de conectar zonas distantes evitando que la congestión del tráfico en superficie cree, a su paso, barreras por la ciudad. Las líneas de transporte conectan distancias al precio de separar cercanías; cuanto mayor es la velocidad mejor conectan las distancias y también mejor separan las cercanías a ambos lados de su trazado.
Por lo general, las conversaciones que tienen como tema central de debate una obviedad y que no son capaces de encontrar el acuerdo de la lógica o el lógico acuerdo –según lo que se quiera primero– suele ser debido a que en el discurrir del asunto interfieren lógicas de segundo, tercer e incluso cuarto orden. Los equilibrios de los razonadores por exponer convincentemente sus lógicas preferidas envolviéndolas de otras más populares o de moda, suelen retardar la llegada de los necesarios acuerdos para seguir haciendo las cosas entre todos.
Tiene mérito defender un metro en superficie, por el esfuerzo semántico, y la evidencia de que en Málaga, un metro sobre la Alameda es una barrera urbana definitiva. A pesar de los ánimos afines al razonar, siempre aparece lo obvio para chafar las intenciones más empáticas: un metro sobre la Alameda es un golpe de katana urbano a lo Kill Bill. ¡Zas!, en dos. Tras un siglo de tráfico creciente, la Alameda aguanta a duras penas mientras se buscan soluciones urbanas para conectar los barrios de ambos lados de la congestión circulatoria. Soluciones para unir el Soho malagueño con el lado bueno de la ciudad al otro lado de las doce! vías de la Alameda. Sus actuales 400 metros valla deben convertirse en la plaza verde lineal que conecte barrios segregados de ciudad histórica. Y a esto, unas vías de tren en superficie, por muy tranvía moderno y sostenible que quieran contarlo, ayudan poco. Un barco no es un submarino económico que flota; por mucho que se insista. Eso creo yo.

jueves, 10 de enero de 2013

LA DESESPECIALIZACIÓN DEL TRABAJO



El homo sapiens no sabe mucho, pero se afana en comprender. El deseo de entender la realidad, más allá incluso de la utilidad inmediata de la comprensión adquirida, puede que sea quizás junto con la empatía la cualidad más genuina de nuestra especie; aquella que nos ha diferenciado de otras especies animales y cualificado en nuestra evolución. El despliegue de conocimientos y la consiguiente ramificación de los campos del saber determinó en las sociedades primitivas el comienzo de la especialización del trabajo. Nos especializamos ergo avanzamos.

Decía el arquitecto japonés Tadao Ando que la Arquitectura se medía por la distancia que un proyecto, tras cumplir el programa funcional y garantizar la estabilidad estructural, era capaz de recorrer tras lograr los requisitos anteriores. En este recorrido, la continuación del trabajo del arquitecto buscaba, busca, envolver el proyecto de otras cualidades más difíciles de lograr y explicar que de percibir: belleza, serenidad, orden, alegría? cualidades con las que trascender el caos y el ruido para construir la habitación pasajera del hombre.

El reciente Proyecto de Ley de Servicios Profesionales elaborado por el Ministerio de Economía que desespecializa la actividad propia de los arquitectos y habilita a ingenieros con competencias en edificación para proyectar y dirigir obras de edificios residenciales, culturales, docentes o religiosos, muestra con claridad la preferencia legislativa por la lógica de lo cuantitativo, fácil de clasificar en tablas, normas y reglamentos que simplifiquen su control. Lo peor de este proyecto legislativo no es su contenido, o la ramplona Regla de Tres argumentada por el Ministerio como justificación: «si un profesional –arquitecto o ingeniero– es competente para realizar una edificación, se entiende que también será capaz de realizar otras con independencia de su uso»; sino la evidencia del desconocimiento de nuestros legisladores sobre las profesiones que tratan de legislar y la involución social que supone el camino de «desespecialización» profesional implícito en dicho Proyecto de Ley. Por no hablar del sinsentido de titulaciones universitarias y años empleados por las personas que cursan una carrera para alcanzar dichas especializaciones profesionales y poder a través de ellas servir a construir una sociedad mejor. Urge una transición normativa hacia la lógica de lo cualitativo. Con permiso de nuestros gobernantes.

jueves, 18 de octubre de 2012

SIMULTANEIDAD 2



Nunca he comprendido bien la tendencia que existe a separar el mundo de las ideas del mundo físico de los acontecimientos del que formamos parte. De hecho, siempre he considerado el universo de las ideas como el manantial del que brotan nuevos mundos, realidades embrionarias aún sin desplegar, intuidas sólo por quienes las piensan. Siendo así, el mero acto de pensar transforma la realidad, porque desde cada pensamiento surgen nuevas posibilidades para construirla. Con ello, el consenso o la coincidencia y superposición de pensares individuales, no sólo es un acto políticamente deseable, sino una suerte de fenómeno de la física que clarifica futuros posibles, aumentando sus probabilidades. También en las ciudades.

Existen tantas realidades urbanas como pensamientos de ciudad. Realidades dispersas, volátiles, superpuestas, deseadas, esquivas...El físico español Juan Ignacio Cirac, director del Instituto Max-Planck de Alemania, explica la realidad subatómica desde su condición indefinida y simultanea, donde el observador modifica con su observación las características de la naturaleza que investiga. A vueltas con la idea de simultaneidad, el azar y Juan José Millás trajeron el lunes el artículo 'Simultaneidad' donde se mostraba la coincidencia, también en el mundo a nuestra escala, de algo y su opuesto, como la pésima novela genial.

Málaga podría compartir en su naturaleza indefinida características similares a las que explican los fenómenos cuánticos. Simultáneamente es una ciudad culta y un lienzo de pintadas; es una ciudad monumental llena de construcciones de barro; es emprendedora en mitad de debates eternos. La Catedral inacabada mantiene vivo, cinco siglos después, el acuerdo de su construcción. Málaga se vuelve peatonal mientras la posibilidad de un metro en superficie planea por la autopista de la Alameda. Tenemos en la plaza de la Merced una paradoja urbanística de simultaneidad doble: una plaza decimonónica del siglo XXI, rodada-peatonal. Envuelta en Naturaleza, la ciudad asfixia la parte de ella que aísla en su interior. Los festejos de Semana Santa y Feria manifiestan un refinamiento bárbaro...En Málaga todas las posibilidades funcionan a la vez, y el sí y el no suceden simultáneamente, en una suerte de lógica sofisticada de pensamiento múltiple, que vuelve extraordinaria la ciudad, y la convierte en el mayor ejemplo de realidad cuántica. O no.


jueves, 4 de octubre de 2012

EL VARADERO DEL CARMEN




Las ciudades, como organismos vivos que son, tienen sus momentos de crecimiento y sus momentos de consolidación. Los primeros son determinantes porque dotan al organismo de una estructura general sobre la que se asentarán evoluciones posteriores ya implícitas en sus trazas maestras. Se crece y se engorda, para una vez conquistado el espacio circundante con garantías suficientes de prevalecer, volver a crecer y acto seguido volver a engordar. Hay crecimientos desordenados que a falta de una estructura guía generan ciudades adiposas, carentes de una promoción sana y con enormes problemas de digestión inmobiliaria.

La crisis que después de seis años deviene en la situación corriente, se mantiene en parte por unas formas de funcionar, que a fuerza de costumbre, mantenemos pero amortiguadas. No se aprecian nuevos hábitos, sino una reducción de los ya existentes. Algo así como seguir conduciendo en la misma dirección solo que más despacio. Un crash a cámara lenta. El lado bueno es que recortando las prácticas poco adecuadas que nos han conducido al presente se reducen también los efectos, y puede que empiecen a surgir nuevas formas de intervenir en las ciudades, más saludables, más decididas, y menos aleatorias.

Sorprende conocer la riqueza de episodios con los que ha crecido el Balneario del Carmen. A orillas de los cerros del Morlaco y San Telmo, debe su sitio a una antigua cantera con cuya piedra se amplió el puerto de Málaga y ganó al mar el Parque. En el Balneario prosperaron reputados astilleros, llenos de calafates a lomos de cuyos barcos se transportó el monte dinamitado. También hubo fútbol en sus playas, embarcadero, cine y pista de baile, hubo verbenas y campeonatos de tenis y por supuesto hubo el Balneario del cual el tiempo nos arroja hoy sus restos. Resulta incomprensible cómo un ejemplo de vida en momentos históricos sin recursos, se estanca y degrada convirtiéndose en una interrupción del litoral de levante. Parece que hay, nuevamente, el deseo de injertar un nuevo uso. Esperemos que en esta ocasión, las necesarias iniciativas municipales encuentren vientos favorables y no un lugar para vararse, siguiendo el nombre original de estas playas y manteniendo la onírica quietud de los últimos cuarenta años.

jueves, 24 de mayo de 2012

LA INVENCIÓN DE LA NECESIDAD


La capacidad para realizar herramientas fue determinante para el progreso de nuestra especie. Esta habilidad se desarrolló gracias a la evolución de nuestros pulgares que emigraron del grupo de dedos del que formaban parte, para diferenciarse del grupo de cuatro restante. Este rasgo distintivo unido a las ventajas de una gastronomía ya más elaborada y amable, reduciría nuestras primitivas mandíbulas, liberando espacio craneal para pensar algo mejor. Y con el pensamiento, vinieron las soluciones, y antes de ellas, las capacidades para detectar las necesidades, cuando todas eran reales.

Los edificios son en sí complejísimas herramientas, algo así como una gigantesca navaja suiza que sirve para todo, hasta para vivir en su interior. Los complejos procesos de crecimiento de los metaorganismos que son las ciudades, han inventado nuevas necesidades, no solo individuales o sociales, sino incluso urbanas: necesidades abstractas de la propia ciudad, muchas veces de difícil comprensión para ciudadanos con necesidades individuales insatisfechas que habitan y alimentan la misma ciudad. Un edificio sin uso es algo muy extraño, como una cuchara hueca, sólo aparentemente útil.

En el Darwing College de Cambridge, Richard Rogers insistiría en que la arquitectura debe cubrir las necesidades del ciudadano, ampliar su conocimiento, desarrollar su creatividad y favorecer su iniciativa. Sorprende que junto a solares permanentes surjan nuevas situaciones urbanas inéditas, como son los equipamientos vacíos, edificios con usos que no prosperan, con usos sin una necesidad real que los valide, con usos dirigidos a una demanda saturada. Málaga excedió su cupo museístico útil, mientras la creatividad de sus ciudadanos, «materia prima de la nueva economía», continúa necesitada de espacios para desarrollarse. La disolución reciente de usos muy tangentes a las necesidades reales del ciudadano, como el museo de las gemas en el edificio de la Tabacalera, o el abstracto uso cultural, tan incomprensible como el cubo de cristal que lo anuncia, sobre la bolsa de metros cuadrados construidos en la esquina del Muelle Uno, convierten su futuro en un acertijo. Estoy convencido que detrás de esta decepción, existe la extraordinaria oportunidad de convertir estos espacios en fábricas de arte y cultura propia. Lugares para producir crecimiento social, con el que recuperar nuevamente el sentido de necesidad satisfecha.

jueves, 17 de mayo de 2012

FRONTERAS URBANAS


La piel de cualquier animal, cambia y se especializa a cada centímetro, imperceptiblemente, sin interrupciones. El protagonista de La Escala de los Mapas de Belén Gopegui, recorría visualmente la piel de su amada, en un viaje mental sin fronteras, donde el paisaje de su cuerpo se especializaba sin desconexiones... Las ciudades, como supraorganismo del que formamos parte, muestran también a través de su tejido urbano, un estado de salud. La evolución de las ciudades durante el siglo XXI muestra cómo la concentración de funciones sobrecarga el tejido urbano, generando fronteras internas y reduciendo el bienestar social. Las ciudades pueden, como los continentes, explicarse mediante mapas físicos con fronteras geográficas, y también como ellos, podrían entenderse mediante sus invisibles mapas políticos, hechos de fronteras creadas por el hombre y consolidadas por las sociedades.

Las ciudades crean fronteras habitacionales en forma de barriadas marginales, donde comunidades desafortunadas viven atrapadas en campos de gravedad residencial. O fronteras circulatorias, ocasionadas por la concentración del tráfico rodado en estrangulamientos capaces de transformar paseos y parques en carreteras-barreras con flujos y velocidades que erosionan la cohesión y continuidad del tejido urbano, y propician el aumento de un transporte privado poco sostenible. Existen también fronteras funcionales por la concentración exclusiva de actividades en un espacio y tiempo también condensados, que fuerzan los límites elásticos de una ciudad, como la Feria y la Semana Santa, acontecimientos importantísimos de la ciudad que siguen planteamientos urbanos desajustados. Junto a las anteriores, la degradación de fronteras geográficas, como muestran en Málaga el estado de sus ríos y ocasionalmente su litoral marítimo, dan un muestrario de especies fronterizas no deseadas. Una frontera interna en una ciudad es una nueva línea en su mapa político, cada vez más fragmentado y alejado de su mapa geográfico original.

Durante la dirección de la última Bienal de Venezia, SANAA mostró su convicción de que los habitantes de una ciudad tienen el poder de difuminar las fronteras acumuladas, y conseguir que el tejido urbano vuelva a integrarse en la topografía del paisaje natural como una tela continua, que desciende sobre la tierra con tiempo, hasta posarse en ella sin fronteras, sin interrupciones, con la misma fluidez que una buena melodía.


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 12 de abril de 2012

HECHO COMO NUNCA

Teotihuacan fue una de las principales ciudades de Mesoamérica cuya decadencia a partir del siglo VII daría lugar al florecimiento de la civilización Maya. Sus restos se encuentran al norte de la ciudad de México. De ella desapareció hasta su nombre original, aunque tal vez el nombre que le dieron los mexicas, cuyo significado en náuhatl es «la Ciudad de los Dioses» refleje mejor la grandeza de su arquitectura y el asombro de las generaciones posteriores. Les bastaron sus ruinas para convencerse que los restos de la ciudad que contemplaban solo podía haber estado habitada por dioses que la abandonaron.

La valoración que hacemos de los tiempos suele llenar de fuerza el apego a las tradiciones, y los modos de funcionar aprendidos, que finalmente se vuelven incuestionables, y ante cuyas puertas, un «esto siempre se ha hecho así» responde a la llamada de nuevas ideas. Los teotihuacanos tenían entre sus tradiciones la de quemar todas las posesiones que habían acumulado en varias generaciones, ropajes, vajillas, enseres domésticos… con el fin de comenzar un tiempo en blanco. 

Jorge Wagensber habla en su reciente libro, "Más árboles que ramas", del carácter positivo que puede tener una crisis, al ser la manera que tiene la incertidumbre de «señalar errores». Saber detectarlos es clave en nuestro deseo individual y colectivo de perseverar; modificar nuestra forma adquirida de funcionar lo es aún más. Después de cinco años de dura travesía para el sector de la construcción y la arquitectura, se necesitan urgentemente nuevas medidas que descarguen del peso creciente de gestión, supervisiones cruzadas y tasas económicas que inmovilizan a un colectivo exánime. 

Acostumbrados a un paisaje de grúas cuyo perfil indicaba la pujanza económica de nuestra ciudad; su casi desaparición junto con los trabajos asociados a ellas, obliga a una reconsideración severa del formato administrativo, profesional y colegial que en tiempos de bonanza se vinculaba a la arquitectura. A falta de recursos económicos, sólo lo que depende exclusivamente de las relaciones interpersonales y administrativas es mejorable. La solución no va a llegar a lo grande desde arriba, sino desde abajo, fruto del acuerdo creativo y generoso entre particulares capaces de hacer posible lo que nunca se hizo así.


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 5 de abril de 2012

EL VAIVÉN DE UN TRONO

El tamaño de un ladrillo es el resultado de un proceso histórico que responde a la envergadura de la palma de la mano y a la densidad del barro que lo compone, fundamental en el peso y en su manejabilidad. Un ladrillo demasiado grande no se puede manejar con una sola mano, uno demasiado pesado, tampoco. Estas dos variables entrelazadas han determinado un margen dimensional muy reducido para el material de construcción por antonomasia, cuyo desarrollo resultó espontáneo en culturas inconexas y cuya evolución afiló la solución final.

Para que una solución heredada, se pueda afilar, alcanzando su optimización, es necesario que la costumbre y la tradición que la emplea, no inmovilice el proceso de perfeccionamiento, blindando soluciones que pueden mostrarse deficientes desde su origen o desde la obsolescencia que otorga el devenir del tiempo. Las actividades multitudinarias de la ciudad vienen mostrando, cuando se concentran en el reducido espacio de sus centros históricos, un mal funcionamiento cuya evidencia crece año tras año, como algunas instalaciones que la acompañan. Feria y Semana Santa necesitan evolucionar y extender su influjo a toda la ciudad, para evitar los colapsos funcionales que ocasionan en el tejido histórico. Dos tradiciones de enorme valor cultural, religioso y turístico-económico pueden y deben extender su repercusión positiva en la ciudad. Se necesita de ambas que sepan evolucionar, enfrentándose a los problemas que generan con la incorporación de nuevas e imaginativas soluciones: multiplicación de itinerarios o repetición de procesiones, atomización de las tribunas principales y reparto disperso de nuevas tribunas menores, para evitar que año tras año, desaparezca la Plaza Mayor de Málaga aplastada por una tribuna excesiva que recuerda, en su factura y en su uso, tiempos del pasado…

Dom Van der Laan, arquitecto dominico de mediados y finales de siglo XX, hablaba de las transiciones en las texturas, los tamaños, o las formas de las ropas, los objetos y arquitecturas que nos rodean y acompañan nuestro vivir, y en la importancia de que el mundo material mostrase transiciones continuas, sin saltos, sin desequilibrios, ni ruidos…tal vez si hubiese conocido Málaga habría dicho que como un trono bien llevado, como su silencioso vaivén. Que el marco no estropee el cuadro.


jueves, 29 de marzo de 2012

MÁLAGA

Fotografía: Jesús Granada

En 1996 la Universidad de California recogió en una publicación los escritos del artista norteamericano Robert Smithson. En ellos reflexionaba sobre la naturaleza del paisaje, sobre las cualidades de los lugares. Y llegados a la inmersión número cien, pienso sobre las cualidades que atesora Málaga, que la hacen un destino que se elige, no sólo para vacacionar, sino para vivir. Málaga es una ciudad aluvión que difícilmente mostrará familias con más de tres generaciones nacidas en ella, pero que sabe ejercer una atracción superior a su contenido, imbuyendo en quienes la vivimos un alto sentimiento de territorialidad, y de pertenencia a un lugar.

Más de una vez me he detenido a observar a los turistas, para ver cómo disfrutan de Málaga, y volverme turista en mi ciudad, convirtiéndome así en explorador de lo cotidiano. Un turismo que sabe exprimir las posibilidades existenciales de una ciudad alegre y despreocupada, vital y caótica. Ni su historia, tan rica como diluida, ni sus escasos pero señeros monumentos, ni tampoco su oferta cultural alzada al pedestal de Picasso, me parecen especialmente determinantes, ni descriptivas de su carácter. Más que un lugar, Málaga ofrece un tiempo, un ritmo, lento, cadencioso, de rebalaje. Un tiempo como los que explica Smithson, «estacionario y sin movimiento», anti-Newtoniano, que no se dirige a ningún sitio, y que brilla a cada segundo. La ciudad de los presentes continuos y las utopías en cadena.

Los esfuerzos de los últimos veinte años en la rehabilitación del Centro Histórico han permitido rescatar un caserío humilde y recuperarlo como «unidad de orden» de una estructura urbana desarticulada, pero más amable que hostil. Málaga es una ciudad que sigue mostrando a través de su entropía urbana, una continua indeterminación, y que tal vez por ello, ofrece un mayor grado de libertad individual. Una libertad que permite sentir el bien estar a cualquiera que se encuentre en sus calles; que permite imaginar un conjunto de futuros abiertos: todos posibles, si la constancia y acuerdo de nuestros deseos los fija. Málaga, sugerente y seductora, como una voluta de humo, instantánea como un arco de mar, donde todo lo extraordinario es posible sin que apenas suceda nada, excepto la intensidad.

Artículo publicado en La Opinión de Málaga