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jueves, 19 de abril de 2012

VERDE QUE TE QUIERO


Las culturas primitivas muestran un respeto innato por la Naturaleza, que manifiesta el sentimiento de hogar que tienen hacia ella. Los ritos geománticos con los que aun hoy se inician en Oriente las obras de los edificios, tienen por misión apaciguar las fuerzas telúricas y atraer la buena fortuna, y demuestran hasta que punto perviven en algunas culturas los restos de un respeto reverencial, casi religioso, por la madre Naturaleza que se sabe perturbada y cambiada con cada obra que hace el hombre. 

El cambio deliberado de una realidad presupone la certeza de que la realidad por venir mejorará la existente. Los cuidados en la construcción de la Casa del Hombre por que esto fuera así, han ido aflojándose a medida que la Naturaleza original se alejaba, separada por la dimensión y el ambiente de las ciudades que hemos sido capaces de construir. La reducción de signos de la naturaleza en convivencia con el medio ambiente urbano es dramática. 

El proyecto CATMED agrupa junto a Málaga, diez metrópolis mediterráneas, que buscan promocionar un modelo urbano sostenible basado en la compacidad de la ciudad clásica mediterránea. Las investigaciones del OMAU, concentradas en su proyecto «Manzana Verde» permiten visualizar una forma de crecimiento, que repara los efectos del consumo ininterrumpido de suelo y recursos característico de la industria inmobiliaria, extendiendo la ciudad y aumentando la dependencia del uso del automóvil. Por encima del diseño arquitectónico, o el consumo de tecnologías cuya incorporación a los proyectos solo consigue darles un barniz ecológico, los planteamientos de la Manzana Verde, proponen la rehabilitación de un tejido urbano mediante cuidadas volumetrías edificatorias de óptimo soleamiento y una complejidad urbana basada en la simultaneidad de usos que favorece una movilidad autónoma, de recorridos cortos, reduciendo las emisiones de CO2. 

El filósofo alemán Wilhelm Schmid en "El Arte de Vivir Ecológico", insiste en que anteponer un proyecto de vida ciudadana a la expansión inercial de sus ciudades reconduciría el desvío que han sufrido en un desarrollo con calidad de vida decreciente. La Manzana Verde propone un nuevo modelo de crecimiento urbano que puede convertirse en experiencia piloto para enderezar el rumbo, y poder con menos dinero comprar una vida mejor.


Artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 15 de septiembre de 2011

ESPACIO RECICLADO



Libre y ocupado. Asientos en un cine, un autobús, un restaurante…ocupantes o soledades en ellos, conversaciones, vivencias. Personas que coinciden en un mismo espacio en tiempos distintos, un cruce desapercibido más en la ciudad que comparten. Realidad dúctil, el espacio, reciclable en una historia infinita y casi siempre desconocida de ocupaciones. Los solares de una ciudad comparten también, con tiempos diferentes, esta condición de ocupación periódica. El solar, hecho de sol y suelo, sin edificación que lo ocupe, palabra con significado asimétrico pero comunicante. Hay solares históricos y también espacios ocupados por edificios históricos que no recuerdan la última vez que fueron solares.

Los edificios ocupan por turnos la ciudad, y se suceden unos a otros transmitiéndose pautas generales de construcción, dimensiones adecuadas al lugar, soluciones estructurales… De algún modo, las características que definen su tipología son a la arquitectura lo que los genes son a la vida: patrones de desarrollo concretos, que no obstante generan un conjunto de ejemplos siempre diferentes. La casa-patio define un tipo de casa y de habitar, vinculado a una estructura introvertida de vivienda, sin entrar en detalle sobre la forma del patio. Tipología y parcelario son significados entrelazados, y la variación del parcelario histórico indica claramente el promotor y anticipa el resultado inmobiliario: un parcelario que se atomiza muestra un tejido residencial autogestionado por residentes, que subdividen sus propiedades manteniendo rasgos comunes. Por el contrario, la colección y agrupación de pequeñas parcelas para formar una mayor, muestra una promoción externa, con un cambio probable de tipología edificatoria. Cambio de linaje.

El entorno de San Felipe Neri, o la zona desde calle Carretería al río, sufren de osteoporosis urbana, llenándose de solares y confusión tipológica. Igual que la silla peor no la ocupa nadie, los solares eternos suelen indicar su incomodidad o imposibilidad promotora, bien por problemas internos de propiedad, o externos motivados por una normativa inadecuada pero consolidada. Cuando no hay reciclaje espacial es porque el lugar es, o muy bueno, o muy malo. Para romper la inercia del segundo caso se necesita flexibilizar una normativa que actualmente asocia erróneamente los criterios de calidad espacial a dimensiones y números, olvidando que lo bueno no siempre es cuantificable.

jueves, 18 de agosto de 2011

LA CIUDAD HUESPED















El nomadismo se superó gracias al cultivo de alimentos, junto a los cuales nuestra especie echó raíces. El sedentarismo trajo consigo cierta seguridad frente a la incertidumbre del movimiento continuo y sobre todo cierta autonomía sobre el medio natural. Estas congregaciones primeras dieron lugar, según su protagonismo en la Historia, a ciudades de distinto rango. Hoy todas ellas rivalizan en alguna medida por mostrarse al mundo de manera atractiva, para convertirse en destino deseable de posibles visitantes.


Con la consolidación a finales del siglo XVIII del "Grand Tour", bajo cuyo nombre se conocían los viajes que hacían por la Europa Continental los personajes más acomodados de Inglaterra, surgiría el "Tourism". De él derivaría el actual Turismo, que de ser una actividad de minorías, acabaría convirtiéndose finalmente en un fenómeno de masas. Este nuevo nomadismo, no por necesidad sino por ocio, propio de finales del siglo XX y principios del XXI ocupa el tiempo libre, calificado por lo general como tiempo de ocio. Las ciudades protagonistas en la Historia: Roma, Atenas, París, Madrid…tienen un campo gravitatorio poderoso, vinculado de forma natural al rico patrimonio cultural, que solo la suma de tiempos sobresalientes es capaz de generar y consolidar.


Muchas otras ciudades buscan, Málaga entre ellas, una posición favorable dentro del amplísimo abanico de ofertas de ocio existentes. Algunas de estas ofertas son capaces de crear enormes complejos y hasta ciudades exclusivas para el entretenimiento, que se dan atracones continuos de visitantes. Una ciudad que surge del nomadismo lúdico es en sí algo extraño, una paradoja urbanística, un concepto aparentemente contradictorio en sí mismo. En ellas no existen habitantes reales, sino procesiones de visitantes que descansan de la realidad misma. 

La Feria de Málaga, cuyo crecimiento parece continuo, se ha convertido con el tiempo, y durante nueve días al año, en una ciudad de la diversión, anexa a Málaga, para recuperar su triste y desaprovechada condición de espacio vacío, durante el resto del año. Superada cierta dimensión y escala, las "atracciones" se convierten en extrañas ciudades efímeras, que rivalizan con su ciudad anfitriona; en una hiperactividad demasiado concentrada. Turismo dentro de sí, en capitales turísticas capaces de generar hasta ciudades exclusivas del tiempo libre.


jueves, 4 de agosto de 2011

MASA CRÍTICA




La tendencia a agruparse no es exclusiva de los individuos de nuestra especie; más bien es una instrucción que existe de serie en la materia. La gravedad, una de las cuatro fuerzas fundamentales y factor indispensable a considerar cuando hablamos de arquitectura, parece ser la causa primera desde la que evoluciona esta tradicional querencia. Esta afección a la juntura, que en la materia inanimada, y superada cierta masa crítica determina la formación de estrellas; entre las distintas especies animales propicia la formación de manadas, pequeñas comunidades, poblados, ciudades o megalópolis.

Parece ser que también los fenómenos vivientes participan de esta condición de masa crítica, superada la cual, la realidad muta y se convierte en otra cosa. Las ciudades tienen diferentes denominaciones y características según, principalmente, el número de habitantes. Las mejores para vivir no son ni las muy grandes, ni las muy pequeñas. Las últimas por no disponer de suficiente población para detonar el proceso del progreso y la multiplicación de actividades a disposición del desarrollo de sus habitantes, las primeras por superar la población necesaria y transformarse en un organismo alimentado por sus sacrificados habitantes, que sin ser muy conscientes de ello viven en cierta manera en un marco existencial desfavorable.

Si el concepto de masa crítica lo llevamos a las actividades de una ciudad, nos encontramos con que es necesario cuidar la capacidad física de un lugar. La plasticidad de un tejido urbano es limitada; más cuando se trata de un espacio histórico fuertemente definido. El estilo de una ciudad turística, con el sector servicios protagonista, favorece la compactación del calendario, con eventos estacionales temáticos –próximamente mensuales o semanales– con el deseo de atraer más gente, mientras se siga dentro del rendimiento creciente. Es su naturaleza. La masiva Feria de Málaga rebasó hace tiempo el concepto original de feria para convertirse en un fenómeno de ecología urbana, que pone a prueba con flujos concentrados de multitudes y energía el ecosistema de la ciudad y la elasticidad de su tejido. Tal vez, superada una segunda masa crítica, igual que explotan las supernovas, puedan macroactividades como la feria atomizarse temáticamente, distribuyendo entre distintas áreas de la ciudad la repercusión de su existencia.


jueves, 7 de julio de 2011

LA MEMORIA URBANA DEL ASTORIA

La fragilidad de la memoria individual se mitiga con la resistencia de la memoria urbana al olvido. Y es que la ciudad ni cuando olvida, olvida del todo. Su trazado subraya su identidad y las variaciones edificatorias guardan reminiscencias de su pasado original. Tiene Málaga uno de estos lugares donde la memoria urbana preserva unos usos concretos que, con su recurrencia en el tiempo, demuestran la feliz afinidad que una actividad puede tener con un lugar. 

La calle Alcazabilla y la Plaza de la Merced agruparon en un palmo de ciudad los cines Andalucía, Astoria, Victoria y Albéniz, con una extraña fijación geográfica por usos teatrales y escénicos. Esta querencia se comprende desde 1950, con el descubrimiento del Teatro Romano cuya primitiva existencia marcaría la identidad más relevante del lugar, y en cuyo rescate andamos desde hace una década. Que las cosas se parezcan a lo mejor de sí mismas es lo deseable. Málaga dio aquí un buen perfil en el siglo I y empieza a mostrarlo de nuevo en el XXI, tras años de letargo, como señaló esperanzada la historiadora María Victoria Campos allá por el año 1975. 

Los excines Astoria y Andalucía son ahora piezas claves en el rumbo regenerador tomado, y sin duda, el enfoque de estas intervenciones será determinante en el alcance del resultado final. El Centro Histórico hereda del lugar nuevas necesidades, y su materialización con arquitecturas del presente forman parte de ellas, en una ciudad cuya vanguardia arquitectónica, a 2011, es «poco abundante» para un deseo de significación cultural sobresaliente. Para el Astoria (el Andalucía cayó en papeleos movedizos) hay en el aire dos concursos, uno de Ideas de Arquitectura, y otro de Empresas: de rehabilitación superficial y explotación temporal del inmueble con capital allende la crisis. 

La verdad, me quedo con la primera vía, o con la improbable posibilidad de que la potencia inversora considere a medio plazo el rendimiento de su intervención en Málaga, y aglutine capital suficiente para sacar adelante el concurso de ideas, un buen proyecto y un buen edificio. Y si no, mejor esperar para culminar la posibilidad de lo mejor. La significación de esta zona se lo merece. Málaga también.


Publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 23 de junio de 2011

VIVIENDAS PRÊT-À-PORTER

El consumo define en gran medida la sociedad contemporánea. No hay que demonizarlo; gracias a él decidimos agruparnos hace milenios, primero amurallados protegidos del exterior desconocido y luego a campo abierto, trasladando la protección al portal de cada casa. El intercambio creó las ciudades. La necesidad del otro, de sus habilidades en la producción de objetos de consumo: alimentos elaborados, útiles domésticos, herramientas, ropajes… La vivienda originariamente no estaba entre los bienes de consumo. El barro de un suelo permitía, secado al sol entre tablillas, fabricar ladrillos para construir la casa sobre él. En sociedades primitivas el suelo era también la casa.

El arquitecto Mies van der Rohe decía que la arquitectura surge en el momento preciso en «que dos ladrillos son dispuestos con esmero uno junto al otro». Para ello, hay que entender la construcción, como el respeto exquisito a los materiales orquestados entre sí para su máximo rendimiento. Las sociedades más tecnificadas y la complejidad de la construcción convierten la arquitectura en un bien de consumo y su producción dejó de ser hace mucho una acción natural, a medida y propia de cada cual, para convertirse en un proceso de producción en serie, pret a porter, que toma como referencia para sus productos, dos o tres modelos de ciudadano, con dos o tres tipos de necesidades vitales: single, pareja y familia de dos hijos pequeños.

El supuesto grado de especialización en la producción de viviendas, y su control y confinamiento normativo, ha provocado un empobrecedor reduccionismo en una oferta que no responde a lo necesario, y que no consigue acercarse a una variedad vital más amplia y con menos recursos que la de finales del XX. Todos los jerseys son iguales, del mismo color, talla única. Por norma. Reconocemos una promoción de viviendas recién construidas y ocupadas por las cubas aparcadas, a donde vuelven los materiales, tras los derribos a medida de las viviendas recién adquiridas. Mientras que la normativa residencial no evolucione hacia mayores cotas de autogestión del espacio interior seguiremos utilizando jerseys, para hacer jerseys. Y así, la vivienda hecha, deshecha y rehecha señala fallos graves de un sistema que sufre hipotermia al olvidar la versatilidad de la vida.


artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 9 de junio de 2011

LOS CUIDADOS DE LO EFÍMERO

La escala de las cosas define su magnitud con respecto a las dimensiones que componen la realidad. Las cosas, los acontecimientos, las arquitecturas son grandes o pequeñas, duraderas o efímeras. Cuando hablamos de la magnitud de una arquitectura inmediatamente pensamos en su tamaño, no tanto en su dimensión temporal, en su capacidad de perdurar y seguir siendo útil el máximo tiempo posible. Los tipos de duración definen la verdadera magnitud de las arquitecturas, y las convierten en monumentos temporales o en anécdotas, en reflejo substancial de nuestra identidad social compartida o en rasgo prescindible de la misma.

La arquitectura manifiesta la necesidad de espacios cualificados que favorezcan el despliegue de las actividades vitales, individuales y sociales, del hombre. Necesidades individuales, y necesidades sociales. Esfuerzos de unos pocos o de unos muchos. Aquellas necesidades y creencias compartidas, capaces de congregar a una comunidad de forma mayoritaria, suelen generar especies arquitectónicas de mayor longevidad. Hoy día las nuevas demandas sociales producen aeropuertos, campos de fútbol, hospitales…, arquitecturas perennes que significan y satisfacen las necesidades de movilidad, ocio y salud de nuestra sociedad. La vivienda, necesidad común, pero de índole individual, lamentablemente ya no se encuentra entre ellas, y no suele sobrevivir a sus habitantes. Junto a estas arquitecturas con distinto grado de permanencia, existen en las ciudades toda una serie de arquitecturas fugaces que visten periódicamente, demasiadas veces con ropajes insuficientes, las actividades que desarrollan en espacios públicos.

El Parque de Málaga muestra nuevamente, con la Feria del Libro, un ejemplo de estas arquitecturas de escena. Decía George Kubler que «los deseos humanos oscilan entre la réplica y la invención, entre el deseo de volver al patrón conocido y el de escaparse de él…». Aun cuando este año la Feria incorpora una pequeña variación en las casetas, muchas, tal vez por rutina o por el error de asociar el progreso al automóvil, siguen mirando al tráfico y dando la espalda al Parque, situando a los visitantes –siempre peatones– paseando junto a la carretera. El mayor uso que se hace del espacio público para eventos religiosos, culturales, o festivos, incrementa la presencia de arquitecturas efímeras en la ciudad. Toca subir el listón en todas ellas.


artículo publicado en La Opinión de Málaga

jueves, 23 de diciembre de 2010

EUREKA

IÑAKI PÉREZ DE LA FUENTE Llueve. Llueve mucho mientras me entretengo en la arquitectura siempre actual de Mies van der Rohe, en su ya histórico Pabellón de Barcelona de hace 81 años, en los Apartamentos LSD en Chicago. Me acuerdo entonces del grupo malagueño Lake Shore Drive y escucho su música. La pista 3 lleva por título «es una buena noticia» con lo que, por una de esas concatenaciones de ideas que tiene el pensamiento azaroso, me acuerdo de la aprobación del Plan General de Ordenación Urbana de Málaga. 

Oigo en el interior de mi cabeza el eco de un por fin enorme. Entre medio, años de gestación y tramitación; de visiones, supervisiones y revisiones; de informes desfavorables, casi favorables y aprobaciones provisionales, para finalmente, ocho años después y veinte mil malagueños más, obtener la aprobación de la Junta de Andalucía, la buena, la definitiva. Nos llega por Navidad, con la alegría de que la ciudad actualiza su marco urbanístico, del que esperamos cierta reactivación del panorama urbanístico y económico. 

El urbanismo experimenta con la ciudad como laboratorio, aunque en esta ocasión el PGOU 2011 no ha tenido gran posibilidad de variar el modelo urbanístico de la ciudad, tras algún tímido intento por despeinar la monotonía de una ciudad plana que carece de acentos o de algún coprotagonismo contemporáneo con el casi omnímodo Centro Histórico. Los informes de la Junta y el Gobierno central no vieron con ojos cariñosos algunos de los planteamientos iniciales y se comprimió las torres de Repsol, apretó la ciudad al interior de la Ronda, y dejó en el rebalaje las viviendas de Pedregalejo. Arraijanal se queda como está y el Guadalmedina sigue en el purgatorio. Me viene a la cabeza la conferencia de Francisco Jarauta en el II Seminario que organizó el Colegio de Arquitectos sobre los cambios en el habitar y la velocidad a la que se producían en la sociedad contemporánea. Al final resulta que «solucionamos los problemas del pasado», mientras la vida ya avanzó hacia nuevas situaciones. Así estamos. En algún momento el progreso llegará también a los modos en que construimos las ciudades y las herramientas que empleamos para hacerlo legalmente. Y entonces no harán falta PGOU. Por fin


Publicado en la opinión de Málaga